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Archive for the ‘Ciencia’ Category

Marruecos es algo así como una gran factoría de producción de fósiles. Y no es ninguna metáfora. Literalmente se fabrican cantidades ingentes de fósiles que inundan las calles de cualquier de ciudad, se venden en puestos ambulantes en las carreteras e incluso tienen su cuota de mercado a través de internet. De hecho el título de esta entrada lo cogí prestado de un ensayo de Stephen J. Gould (que a su vez da título al libro que encabeza), en el que, entre otras cosas, nos habla de las falsificaciones made in Morocco. En concreto se centra en una especie de escorpión fósil, que como yo mismo pude comprobar no falta en la exposición de ningún chiringuito de minéraux et fossiles que se precie. El asunto es que la falsificación es tan asombrosamente burda que parece increíble que algún incauto pueda picar. Os lo muestro aquí abajo y decidís vosotros mismos. La foto está robada de la página de Flickr del usuario katieandtommy y en ella podemos ver la simpática falsificación al lado de un dibujo que aparece en el libro de Gould. Por desgracia yo no tengo mis propias fotos del escorpión porque hacer fotografías en Marruecos es una tarea imposible sin dinero por medio y no tenía ganas de pagar por una simple fotografía. (De hecho cualquier cosa que te propongas es imposible si no pagas, hasta preguntar una dirección. La sensación de que te miren como una cartera andante es agobiante, muy agobiante, y acabas por dejar de hacer ciertas cosas de las que te acabas arrepintiendo en el futuro).

 

 

(Foto: katieandtommy en Flickr)

Es curioso como estas falsificaciones proliferan de un modo directamente proporcional al cuadrado de la distancia que las separa del Atlas. En las carreteras de las montañas apenas se podían encontrar, en Marrakech ya eran habituales y en Essaouira pasaban a ser la especie dominante.

Pero las falsificaciones no son todas de una calidad tan infantiloide, sino que existen verdaderos artesanos que fabrican copias indistinguibles para los ojos de cualquier no iniciado en el tema. Es tal la perfección a la que han llegado que en internet existen hasta tutoriales de identificación de fósiles marroquíes falsos. Por desgracia, yo, que soy un completo ignorante del tema, todavía no he podido saber si el trilobites que me traje de Rissani salió del océano o del taller de algún manitas.

 

Fósiles de alta montaña

Lo que está claro es que se fabrican falsificaciones es porque la demanda es muy alta. Y si la demanda es alta es porque existe producto real de calidad. La cantidad de fósiles auténticos que se extraen del Atlas y Antiatlas es realmente espectacular. Y para colmo se pueden encontrar grupos de diferentes épocas, desde trilobites del Devónico, braquiópodos jurásicos o ammonoideos cretácicos. Por haber, hay hasta pterosaurios y fauna ordovícica de cuerpo blando.

Por suerte, el último día y en la última parada del viaje por el Atlas, tuve la suerte de encontrar el fósil más espectacular de todos. Mientras estiraba las piernas al lado de una tienda de carretera… lo ví allí, en el escaparate… llamándome… “cómprame, cómprame….”

 

Ese oscuro cefalópodo del deseo...

Supe que no era una falsificación desde el momento que le pregunté el precio al dependiente y sencillamente me respondió: “es caro, no puedes comprarlo”. ¿Un marroquí, que vendería hasta su alma, no me daba ni precio? Segundo intento y respuesta negativa. Le insistí para que me dijera el precio, solo por curiosidad. Mientras sonreía me lo espetó: 500€. Al menos no me quiso cobrar por las fotos. Por si alguien no conoce al sujeto de la fotografía, os lo presento. Eso es un Heteroceras, un ammonoideo del Cretácico inferior, que se caracteriza por su concha asimétrica a medio enrollar (como si fuese una especie de Ammonites en proceso de plegamiento).

 

Al final el que se ha enrollado he sido yo, porque lo que en realidad quería contaros con esta entrada es otra cosa. De fósiles de Marruecos, sí, pero otra cosa. Así que voy al grano. En la zona de Rissani y Erfoud la extracción de fósiles es enorme, por lo que se ha establecido una cierta “industria” en torno a los animales petrificados. Las cantidades que se obtienen de algunos grupos como ammonoideos, trilobites o crinoideos son impresionantes. Aquí va una muestra.

 

Crinoideos al sol

 

Una montaña de Ammonites

Orthoceras, los chipirones del pasado

Pero el grupo más abundante de todos son los Orthoceras, unos cefalópodos que habitaban los mares del Ordovícico y que seguro no esperaban un final así. En Erfoud son típicos los talleres de artesanos que trabajan las enormes losas donde fosilizaron los pobres orthoceras. Pero es tal su abundancia, que en lugar de ser preparados para su venta como piezas de coleccionista, pasan por un proceso de embellecimiento para ser convertidos en diferentes piezas que acabaran en la casa de algún hortera.

El taller del mal

 

Ahí lavaré yo los platos

Y como colofón, el desastre total, la humillación fosilífera, el acabose paleontológico. Millones de años bajo tierra no merecían este final. Morocco is different.

 

(No comment)

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La verdad es tan tozuda que acaba por salir a la luz por mucho que algunos intenten ignorarla. El año pasado escribí una entrada coincidiendo con el día del orgullo hispano, en la que además de “vitorear” las masacres de los conquistadores, recordaba a todo el que quisiera escucharlo que los primeros europeos en pisar suelo americano no llevaban banderas rojigualdas  ni estandartes de águilas imperiales. Resumiendo la historia: unos 500 años que Colón avistara una isla caribeña en la que no dejaría una sola cabeza sobre sus hombros, Leifr Eriksson partía rumbo al oeste desde Groenlandia. La expedición vikinga alcanzaría los territorios que llamarían Vineland, Helluland y Markland, que hoy conocemos como Nueva Escocia o la Península de Labrador. La primera prueba con aires de ser definitiva fue la datación con el método del carbono-14 de las herramientas encontradas en el asentamiento de L’anse aux Meadows (Leifsbudir para los vikingos), que lo situaban alrededor del año 1.000 d.c. ¡Bingo!

¿Algún defensor del orgullo patrio necesita más pruebas? Vaya, parece que para su desgracia han aparecido y, ¡oh! qué ironía, hay dos españoles metidos en el ajo. Estos dos renegados intelectuales son Federico Sánchez Quinto y Carles Lalueza Fox, la parte representante del CSIC en un proyecto realizado a medias con investigadores islandeses1. Su descubrimiento es realmente interesante, porque no solo demuestra contactos entre islandeses e indios americanos unos cuantos siglos antes que Colón, si no que es la prueba de intercambio a la inversa, es decir, de los primeros indígenas americanos en pisar suelo europeo.

 

Unos 500 años antes que Colón...

Los investigadores analizaron las genealogías de todos los habitantes de Islandia basándose en el DNA mitocondrial y encontraron que cuatro familias del sur del país pertenecían a un linaje que no existe en Europa y que casualmente es típico de nativos americanos y asiáticos . ¿Sería debido a la reciente llegada de inmigrantes al país? Respuesta negativa, ya que esos genes extranjeros aparecían en islandeses desde hacía más de 300 años. Por tanto debemos suponer que  los vikingos volvieron con algo más que madera y bayas de Vineland, y que al menos una mujer americana (el DNA mitocondrial solo se hereda de la madre) cruzó el charco antes de que los reyes católicos hubieran nacido para financiar el inicio de la larga noche de los 500 años.

 

Representación idealizada de la amerindia que llegó a Islandia

Por cierto, no quiero perder la oportunidad de decir lo que opino sobre la expresión “Descubrimiento de América” para referirse a la llegada de los conquistadores españoles. Veamos, el continente americano si fue descubierto por alguien sería por los primeros humanos que cruzaron el estrecho de Bering procedentes de Asia. Desde luego que no fueron los vikingos ni muchos menos los españoles, porque, repito, ya había asentamientos humanos allí. Lo único que muestra esa expresión es que se considera que América solo comenzó a existir cuando los europeos llegaron allí, lo cual es muestra de una ignorancia y paletismo que da hasta un poco de pena. Eso sí, si Colón descubrió América, la mujer que acompañaba a los vikingos descubrió Europa. ¡No le neguemos el lugar que se merece en la Historia!

 

REFERENCIAS:

1: Ebenesersdóttir, S. S., Sigurðsson, A., Sánchez-Quinto, F., Lalueza-Fox, C., Stefánsson, K. and Helgason, A. 2010. A new subclade of mtDNA Haplogroup C1 found in Icelanders: evidence of pre-columbian contact? American Journal of Physical Anthropology. DOI 10.1002/AJPA.21419. (link)

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Tienes sed. No hay problema. Te acercas a la cocina, coges un vaso, abres el grifo, lo llenas, haces de tu boca un embudo y deseo cumplido. Para nosotros los humanos resulta extremadamente sencillo beber (por desgracia no tan sencillo acceder a agua potable). Ahora ponte en la piel de, digamos, un babuino. Tampoco sería una tarea especialmente complicada. Te acercas a la charca más cercana, te agachas, pones un ojo en el agua y el otro apuntando a tu retaguardia para evitar mandíbulas hambrientas, haces de tu boca un embudo, comienzas a sorber y deseo cumplido. Esto se extiende a todos aquellos animales cuyas mejillas están completamente cerradas, lo que les permite succionar y, finalmente, gracias a la lengua, tragar el agua (cerdos o caballos, por ejemplo).

El problema lo tienen los animales de mejillas abiertas, como los cánidos, que no pueden formar un tubo aspirador porque sus mejillas no se sellan. Para beber, un perro necesita hundir su lengua en el agua y transportarla hasta su boca. No es sistema muy eficiente y mucho menos limpio, pero nada que pueda importar a un perro. Los felinos son otro mundo. Como ya sabréis los que tenéis gato, estos bichos dedican la mayor parte de su tiempo de vigilia, que no es mucho, a acicalarse. Así que, ¿cómo iba un animal tan pulcro a beber con un sistema que lo dejara todo babado? Ellos tenían que inventar algo más limpio, refinado y eficiente.

 

 

Cuando la sed aprieta...

Supongo que a estas alturas ya te habrás preguntado qué hago hablando de cómo beben los animales. Pues bien, todo esto surgió mientras ayer leía la entrada sobre el Síndrome EDC en las Historias Eulerianas. De toda la brillante entrada me quedó grabado el tratamiento que nos prescribe Eulez para el maligno  síndrome:

Sobre los estudiantes debe aplicarse la siguiente frase por vía oral tantas veces como sea necesario:

“Ni fórmulas, ni leyes, ni números, ni inteligencias privilegiadas… La ciencia precisa, por encima de todo, curiosidad”.

Efectivamente lo que falta es curiosidad, lo que sobra son personajes sin aspiraciones, amargados, caza-fondos-públicos-para-MI-investigación y demás fauna que crece en Universidades y centros de investigación(?).

Y pensando pensando en la cura de curiosidad, recordé una noticia que había leído hace algunos días en Science, que trae de nuevo a escena a nuestros animales bebedores. Hallábase Roman Stocker,  biofísico del MIT,  desayunando en su cocina mientras observaba a su gato Cutta Cutta bebiendo de su cuenco. Supongo que por su cabeza pasaría la secuencia de pensamientos parecida a la que describí al principio de la entrada (o quizá ni por asomo, mi cabeza es de biólogo y la suya de biofísico, quizá él sólo haya imaginado números, incógnitas e integrales).  El caso es que a Stocker lo invadió la curiosidad de saber cómo bebían los gatos. Así que reunió a un grupo de curiosos y en sus ratos libres se dedicaron a filmar con una cámara de alta velocidad la trepidante escena de Cutta Cutta y 9 amiguitos mas bebiendo.

 

He aquí las imágenes en cuestión:

 

Y en este otro vídeo una robot que simula el efecto de la lengua gatuna:

 

Los resultados fueron de lo más interesantes. En un artículo1 que publicaron en Science nos cuentan sus descubrimientos. Los gatos y, por extensión, los felinos beben de una forma totalmente diferente de los cánidos. Lo hacen mediante rápidos lengüetazos pero sin llegar a meter la lengua en el líquido, sino que solo entra en contacto la punta de la lengua con la superficie del agua, de forma que se ésta se adhiere a la lengua y es arrastrada hacia la boca en forma de pequeña columna. Yo siempre me había imaginado que el gato usaba para beber las papilas rígidas que tiene en la lengua, ya que suponía que de algún modo el agua sería retenida en ellas. Nada más lejos de la realidad porque de hecho su lengua carece de estas estructuras en la zona más próxima a la punta, que es, precisamente, la única que interviene para beber.

Una vez que la columna de agua es introducida en la boca, el gato la cierra y una parte del hilo de agua queda retenido. El mecanismo parece extremadamente sencillo pero es realmente maravilloso, ya que entra en juego un equilibrio de fuerzas: la gravedad que tira del agua hacia abajo y la inercia que la arrastra con la lengua del gato hacia arriba. Este equilibrio es lo que se conoce como número de Froude. Sin entrar en detalles, el número de Froude aparece en todo tipo de cuestiones relacionadas con hidrodinámica, desde problemas biológicos como el de los basiliscos que caminan por encima del agua, hasta construcción de barcos.

Ya veis que de la curiosidad de un señor científico que miraba a su gato mientras desayunaba acabamos hablando de hidrodinámica. Efectivamente esa es la palabra que mueve a la Ciencia y al mundo. Los que la perdieron deberían llamarse a sí mismos profesores de Universidad o funcionarios de laboratorio, pero nunca científicos.

 

Todo un ejemplo de modales y saber estar

Dejemos a los amargados y volvamos con los científicos. Pedro Reis, también biofísico del MIT y co-autor del estudio de gatos bebedores, parece compartir el mismo tipo de curiosidad genial de Stockes. En su página del Laboratorio de Elasticidad, Geometría & Estadística, de donde obtuve el artículo sobre los gatos, podéis ver una serie de experimentos y estudios de lo más asombroso. Yo me quedo con el mecanismo para agarrar agua2. Basándose en el diseño de las flores (me imagino a la inspiración llegando mientras veía a una flor flotando en un estanque), Reis y su equipo han diseñado una pipeta que permite capturar agua mediante un mecanismo pasivo en el que interviene la elasticidad de elementos finos y las propias fuerzas de la superficie de un líquido (video aquí). Lo más interesante es que el capturador de agua funciona a la inversa y permite robar aire antes de sumergirse (video aquí). Ya me puedo imaginar un futuro con paseos bajo el mar dentro de nuestra burbuja autónoma creada por una flor artificial tamaño XXL. Gracias, selección natural, por regalarnos ese don que es la curiosidad.

 

REFERENCIAS:

1: Reis, P. M.,  Jung, S.,  Aristoff, J. M. and Stocker, R. 2010. How Cats Lap: Water Uptake by Felis catus. Science [DOI: 10.1126/science.1195421] (link)

2: Reis, P. M., Hure, J., Jung, S., Bush, J.W.M. and Clanet, C. 2010. Grabbing Water. Soft Matter 6, 5705-5708. (link)

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Nos encantan los records. Todo el mundo sabe que el animal terrestre más rápido es el guepardo y en el aire el halcón peregrino. El mamífero más grande es la ballena azul y el más pequeño la musaraña. Recuerdo que cuando trabajaba como guía en compañías de avistamiento de cetáceos, la curiosidad de los turistas siempre estaba dirigida a un número limitado y recurrente de preguntas sobre plusmarcas: Cuál es el cetáceo más pequeño (el más grande es conocido de sobra), qué profundidad llegan a alcanzar los cachalotes o cuánto tiempo resisten debajo del agua eran los grandes clásicos. Lo que tampoco faltaba nunca era la pregunta clasificada para adultos: ¿Quién tiene el pene más grande? La respuesta es obvia por temas de proporcionalidad. La ballena azul dispone de un artefacto copulador (es que no se le puede llamar de otra forma a semejante monstruosidad) de 2,4 metros. Eso sí, siempre se quedaban sorprendidos al saber que los testículos de la ballena azul no siguen la regla de proporcionalidad, ya que la especie que goza del privilegio de presentar las fábricas de esperma más desarrolladas del mundo animal es la ballena franca, con un peso aproximado de media tonelada cada uno (curiosamente la relación tamaño cerebral/tamaño corporal de esta especie es la menor entre los cetáceos, ¿simple casualidad?).  Repito que el tema de la ballena azul se debe analizar teniendo en cuenta las proporciones. Un macho adulto puede alcanzar los 33 metros, por lo que un pene de 2,4 metros supone aproximadamente el 7,5% de la longitud total del animal. Si trasladamos esa proporción a un Homo sapiens macho adulto con una estatura de 1,80 m. nos sale la minucia de 13,5 cm. Nada mas que añadir, ¿no?

 

Que no te intimide, realmente no es para tanto.

Bien, toda esta gran introducción sobre ballenas y órganos reproductores masculinos viene a cuento de una noticia difundida con gran algarabía por la web: se ha descubierto el animal con los testículos más grandes del mundo. Especifico, más grandes en relación a su masa corporal, porque el animalillo del que hablamos es el saltamontes de matorral Platydeis affinis. Los testículos en cuestión rondan los 70 mg. de peso, que no parece gran cosa, cierto si no fuera porque representan nada más y nada menos que el 14% de su masa corporal (los grandiosos ejemplares de la ballena franca no pasan del 1% de su masa). Con este gran hallazgo para la Ciencia queda desbancada oficialmente una especie de Drosophila, con su 12% de masa testicular relativa1, como merecedora de tan honorable distinción

Lejos de quedarme en lo superficial y anecdótico del caso, me pongo las gafas de pasta, enciendo la pipa y me dispongo a profundizar en la miga del asunto testicular.

El estudio del que se extrae el dato sobre los atributos de P. affinis fue publicado ayer en la web de Biology Letters bajo el título Larger testes are associated with a higher level of polyandry, but smaller ejaculate volumen, across the bushcricket species (Tettigoniidae)2. Karim Vahed y su grupo obtuvieron los datos de la masa de los testículos en 21 especies de saltamontes de matorral para compararlos con su masa corporal y otros datos relacionados con la eyaculación. Aquí es necesaria una pequeña explicación para no-biólogos. Para copular los grillos introducen una especie de cápsula, llamada espermatóforo, en el aparato reproductor de la hembra. El espermatóforo porta la ampulla, que contiene el esperma, así como una gelatina que es un regalo nupcial del que la hembra se alimenta durante la cópula y que permite al macho alargar el proceso sin ser expulsado. Perdón por el exceso de tecnicismos, pero ya dije que me armaba de gafas y pipa).

 

Grandes, ¿eh?

En el apartado de resultados aparece el ya famoso dato sobre la enorme capacidad testicular de P. affinis, pero ese 14% es un simple número poco relevante en sí mismo, excepto para amantes de los records. Por cierto, abro paréntesis, quiero recriminar a los autores que en la misma línea en que se recrean con el equipamiento de P. affinis hagan la odiosa comparación con los testículos de Ephippiger ephippiger y Gampsocleis glabra, que no pasan del 1% de su masa corporal. No costaba nada tener un poco más de tacto, que tampoco es cuestión de ridiculizar a los pobres bichos, ¿no? Cierro paréntesis.

Llegados a este punto analicemos por qué un animal podría querer desarrollar sus testículos. Antes dos apuntes. Primero, los animales de los que hablamos son invertebrados, lo que quiere decir que sus testículos solamente producen esperma, no como los nuestros, que también son factorías de producción de hormonas. Segundo, los invertebrados son animales promiscuos, donde no existe la monogamia (no conozco ningún caso y los que haya supongo que no pasaran de meras excepciones de la regla), lo que significa que los machos al no tener una pareja propia deben luchar por copular con un el mayor número posible de hembras para asegurar su descendencia. Por tanto la respuesta parece evidente. Unos testículos mayores producen mayor cantidad de esperma, lo cual es bueno si tienes que copular con muchas hembras, intentando dejar sus receptáculos repletos de tu esperma y evitar que otros machos lo hagan. Parece que esta afirmación es correcta, no solo en invertebrados sino en la mayor parte de grupos animales siempre que no exista monogamia (para una revisión de casos consultar la ref. 3). En el estudio se muestra que, efectivamente, existe una correlación directa entre el tamaño de los testículos y el grado de poliandria de cada especie.

Si este fuera el único resultado del estudio sería un poco soso para una entrada. Así que vamos con el descubrimiento inesperado. Los resultados muestran que existe una correlación negativa entre el tamaño de la ampulla (recordemos que equivale a hablar de la cantidad efectiva de esperma) y el tamaño de los testículos. Es decir, presumir de mayores testículos significa menor cantidad de esperma transferido. Del mismo modo, la relación entre el tamaño de la ampulla y el grado de poliandria también es negativo, algo que ya se conocía anteriormente4.

Pero parece que aquí tenemos un pequeño problema, ya que la primera de estas relaciones negativas choca directamente con lo que decíamos unas líneas más arriba. Si los testículos crecen para producir más esperma, ¿qué sentido tendría eyacular menos? La respuesta está en el regalo nupcial. Los machos de aquellas especies con un elevado grado de poliandria son seleccionadas para reservar mayor espacio a las sustancias accesorias, lo que les permitirá copulas más efectivas en un ambiente altamente competitivo entre los machos reproductores. Además, el hecho de poseer unos testículos de gran tamaño que fabrican grandes cantidades de esperma significa que pueden copular un mayor número de veces en menos tiempo. Es decir, lo importante no es copular una sola vez dejando todas sus valiosas semillitas, sino dejar muchas tantas veces como puedan en el menor tiempo posible.

Antes de iros recordad que lo que los ejemplos de la Naturaleza no suelen servir como justificación en nuestro sub-mundo humano.

 

REFERENCIAS

1: Pitnick, S. 1996. Investment in testes and the cost of making long sperm in Drosophila. The American Naturalist, 148(1): 57-80. (link)

2: Vahed, K., Parker, D. J. and Gilbert, J. D. J. 2010. Larger testes are associated with a higher level of  polyandry, but a smaller ejaculate volume, across buschcricket species (Tettigoniidae). Biology Letters (doi: 10.1098/rsbl.2010.0840). (link)

3: Parker, G. A., Ball, M. A., Stockley, P. and Gage, M. J. G. Sperm competition games: a prospective analysis of risk assessment. Proc. R. Soc. Lond. B., 264: 1793-1802. (link)

4: Vahed, K. 2006. Larger ejaculate volumes are associated with lower degree of polyandry across bushcricket taxa. Proc. R. Soc. Lond. B, 273: 2387-2394. (link)

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La juventud está que da asco verla. En mis tiempos… Así podría empezar el típico lamento de cualquier abuelo cebolleta al uso. Pero no, esa frase la firma un servidor, un tío que comparte fecha de nacimiento con Garfield, vamos, que estoy hecho un chaval. Y es que supongo que todos los que hayáis pasado la barrera de la adolescencia –al menos intelectual- sentiréis una especie de repelús mezclado con ira al ver a la chavalada de hoy en día. Su único fin es vestir lo mas cool- fashion posible, beber como si cada botellón fuera el último y… y creo que nada más. Sé que alguno pensará: “en mi generación la cosa no era muy diferente”. Cierto a medias, querido amigo. A medida que nos vamos atrás en el tiempo, el asunto de la idiotez adolescente disminuye exponencialmente. Pero tranquilos, ¡oh padres y tutores!, la culpa no es toda de vuestra pésima educación, una buena parte es ajena a los cuidados paternos y explicable a la luz del darwinismo (¡herejía!).

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Una de nazis

En la Enciclopedia del holocausto de la web del United States Holocaust Memorial Museum podemos leer lo siguiente acerca de los experimentos médicos nazis:

 

Durante la Segunda Guerra Mundial, algunos médicos alemanes realizaron experimentos dolorosos, y a menudo mortales, en miles de prisioneros de los campos de concentración sin su consentimiento. (…)En los campos de concentración alemanes de Sachsenhausen, Dachau, Natzweiler, Buchenwald y Neuengamme, los científicos probaron compuestos de inmunización y sueros para la prevención y tratamiento de enfermedades contagiosas; entre ellas la malaria, el tifus, la tuberculosis, la fiebre tifoidea, la fiebre amarilla y la hepatitis infecciosa. (…)Los más infames eran los experimentos de Josef Mengele en Auschwitz. Mengele llevó a cabo experimentos médicos con gemelos. También dirigió experimentos serológicos con romaníes (gitanos), al igual que Werner Fischer en Sachsenhausen, para determinar cómo las diversas “razas” soportaban las diferentes enfermedades contagiosas.

La verdad nada que no supiéramos: los nazis eran gente mala, muy mala, y Mengele el más malo de todos. De hecho son el símbolo de la maldad universal, los inventores de los genocidios y de las crueldades contra humanos más salvajes.

 

 

Mengele y sus amigos en la hora del café (Fuente: USHMM)

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¿Qué tienen en común un pingüino, una sardina y una gaviota? Además de compartir hábitat y mesa, poca cosa más. Aunque una de ellas es especialmente interesante: el patrón de coloración. Supongo que os habréis dado cuenta que la mayor parte de los peces son de color claro ventralmente y oscuro dorsalmente, al igual que muchas especies de aves marinas, tanto voladoras (gaviota) como no voladoras (pingüino).El hecho de que grupos evolutivamente distantes hayan desarrollado estrategias similares es lo que se conoce como convergencia evolutiva y este tema de la coloración es un buen ejemplo (otros casos paradigmáticos son las alas de aves y murciélagos o las aletas de peces y ballenas).

Chilly Willy, un tipo adaptado

Las presiones selectivas que conducen a la adquisición de esta coloración parecen evidentes: los colores claros permiten camuflarse al ser observado desde abajo, a contraluz, y los oscuros al ser observado desde arriba, con la oscuridad de fondo. De esta forma los peces se camuflan de sus depredadores y las aves evitan ser descubiertas.

Y si hay un ave que se ha hecho famosa gracias precisamente a este patrón de coloración son los pingüinos. Las aristocráticos miembros de las 18 especies que componen la familia Spheniscidae visten siempre elegantes fracs (no esperábamos menos de un grupo donde hay emperadores y reyes). Además de por su coloración, son un grupo admirable por sus espectaculares adaptaciones a la vida marina. Como ejemplo su particular plumaje, que los aísla contra las bajísimas temperaturas del agua y del exterior; unos huesos densos (en las aves voladoras son muy ligeros) que contrarrestan el efecto flotador de su grasa corporal, ayudándoles a sumergirse y, cómo no, unas alas absolutamente modificadas en forma de paletas propulsoras, que les permiten velocidades medias de 10 Km/h con puntas de cerca de 60 km/h.

Incayaku paracasensis comprado en Ikea

Toda esta historia de pingüinos era así de sencilla hasta hace unos días, que se publica en Science el descubrimiento de un pingüino fósil de hace 36 millones de años. Lo curioso del Inkayacu paracasensis no son sus enormes dimensiones (1.5 m de altura y 50 kilos), si no lo que se encontró en lo más profundo de sus plumas fosilizadas: los melanosomas de esta especie son totalmente diferentes de los modernos pingüinos.

No te sorprende demasiado, ¿no? Pues escucha. Los melanosomas son gránulos que contienen melanina, es decir, pigmento negro, y que por tanto dan color a las plumas. Variaciones de la forma de esos orgánulos producen variaciones relativas de concentración, lo que en definitiva se traduce en diferentes colores a nuestros ojos. Los melanosomas encontrados en el pingüino fósil de Perú son de dos tipos, largos-finos o pequeños-redondeados, lo que le daba un color grisáceo o marrón-rojizo. Sin embargo los melanosomas de las especies modernas son grandes y ovalados, lo que les viste con su chaqué negro característico. Pero, ¿por qué surge la diferencia? Evidentemente tiene que ser la selección natural que favorecerá a aquellos más oscuros dorsalmente, ya que como decíamos antes, este patrón de coloración el óptimo en las condiciones en las que habita esta ave. Pues no, amigo. Error. Este es uno de esos  false friends de la forma y la función o, en este caso, del color y la función. El oscurecimiento de los pingüinos es un hecho accidental, producto de las modificaciones estructurales sufridas por sus plumas para adaptarse a la vida acuática, que a su vez condujeron a cambios en los melanosomas y en definitiva a la aparición del color negro en su plumaje. La presión de vivir perseguido por una foca leopardo es lo que tiene, que cada salto evolutivo tiene que valer por dos.

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