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Archive for the ‘Cetáceos’ Category

Tucker es un tipo con suerte. No ha tocado un libro en su vida y tiene exactamente el trabajo que yo sueño desde que era chaval. Aunque también es cierto que el tiene algo que no se aprende en ninguna universidad ni paseando el mundo de voluntario. Tucker tiene un olfato infalible. Ventajas de ser un perro, no un humano. La misma herramienta de trabajo que los de su especie usan para trabajar de policías o rescatando personas es la que usa Tucker para colaborar con la ciencia.

Su jefe es Samuel Wasser, un biólogo de la Universidad de Washington, con el que cada día sale en una pequeña embarcación por el estrecho de Haro, que separa Las islas San Juan de la isla de Vancouver. Su misión, detectar las heces flotantes de los miembros de la pequeña población de orcas del canal, que están en serio declive desde hace unos años (actualmente son 83 individuos, el número más bajo desde 2003). Las causas del declive no estaban nada claras y se barajaban diferentes explicaciones, como el stress causado por los barcos de observación de cetáceos (esta zona es uno de los destinos más famosos del mundo) o la escasez de alimento (se trata de una población de orcas residentes por lo que se alimentan de peces, en concreto la base de su alimentación es el salmón Chinook (Oncorhynchus tshawytscha)).

Tucker y las orcas

Los investigadores pueden obtener información muy importante de las heces, como niveles de hormonas o contaminantes tipo PCBs o DDT. Y lo que encontraron fue que las mayores tasas de mortalidad coincidían con caídas en los niveles de hormonas tiroideas, lo que podría estar relacionado con déficit nutricional (los resultados de esta investigación no van a ser publicados de momento, hasta obtener una mayor cantidad de datos). Por tanto, los pasos dirigidos hacía la conservación de esta población deberían empezar por proteger la base de la alimentación de las orcas, el salmón Chinook, algo que posiblemente no sería detectable si la impagable ayuda de Tucker.

Un día de duro trabajo

Pero nuestro amigo labrador no es ni el único ni el primero. En la costa este trabaja desde hace años Fargo, un rottweiler que acompaña a Rosalind Rolland en su búsqueda de las gigantescas deposiciones de las ballenas francas del norte (Eubalaena glacialis) en la bahía de Fundy. Gracias al material conseguido, se puede conocer tanto el estado fisiológico de los ejemplares individuales como la estructura genética de una población que actualmente se encuentra en peligro de extinción.

La verdad es que tengo envidia, pero no de Fargo ni de Tucker, sino de las personas que tienen la suerte de poder trabajar con ellos.

Nota: Los artículos originales de los que está extraída la información se publicaron en The Seattle Times (link) y la revista National Geographic (link).

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Algunos records parecen imposibles de batir. Si no que se lo digan a Bob Beamon, que voló hasta los 8,90 metros en México ’68 y tuvieron que pasar más de 22 años hasta que Mike Powell superara el salto del siglo, dejando la nueva marca en 8,95 m. Otros sin embargo, casi duran menos que lo que tardamos en escribir sobre ellos.

Si recordáis, hace poco escribí una entrada sobre migraciones asombrosas en la que hablaba del increíble viaje de 8.300 Km de siete yubartas, lo que hasta ese momento era el desplazamiento más largo en el mundo de los mamíferos. Pues bien, tenemos nuevo medallista y plusmarca mundial. Pero antes, como bloguero vuestro que soy, os debo una introducción y esa introducción os la voy a dar.

 

Un bonito fondo de pantalla

(más…)

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La Guía de los Mamíferos Marinos del Mundo de la Audubon National Society dice lo siguiente acerca de la distribución mundial de la ballena gris (Eschrichtius robustus):

Existen dos poblaciones de ballenas grises en el este y el oeste del Pacífico Norte. La población oriental, a menudo llamada el stock de California, migra desde su área de alimentación en los mares de Bering, Chuckchi y Beaufort occidental hacia sus refugios invernales de cría en las costas de Baja California. (…) En el Pacífico Noroccidental, una pequeña población remanente, conocida como el stock de Corea, pasa la mayor parte del verano en el Mar de Okhotsk, donde recientemente se ha identificado un área de alimentación al noreste de la isla de Sakhalin. Se desconoce el destino de las migraciones de esta población, pero probablemente la mayoría de estas ballenas  cruzan el Mar de Japón para reproducirse y criar en las aguas tropicales del sur de China.

Pero como una imagen vale más que mil palabras aquí va el mapa de distribución de la especie según consta en la American Cetacean Society:

Distribución mundial Ballena gris (Fuente: ACS)

Si no estoy mal de Geografía, el Mediterráneo queda un pelín apartado de las zonas marcadas en azul, así que imaginar una ballena gris con el Etna al fondo podría sonar tan absurdo como un canguro saltando en la Highland (o un belga por soleares).  Pero antes de que imagines semejante escena échale un vistazo a estas fotografías:

Es cierto que no aparece el Etna como fondo de ninguna de ellas, pero en las dos primeras podemos ver una ciudad que, atención, es… (redoble): Herzliya. Vale, te acabas de quedar con el subidón de adrenalina a medio gas porque no acabas de situar esa urbe en el mapa. Tranquilo, te echo una mano:

Herzliya a vista de satélite

Este increíble documento gráfico realizado por el Dr. Aviad Scheinin nos muestra ni más ni menos que una escapada desde algún punto del Pacífico Norte hasta el fondo del Mediterráneo. Según informa en la web del Israel Marine Mammal Research & Assistance Center, la ballena fue avistada por última vez en las costas de Jaffa desplazándose en dirección sur. La opinión de los expertos es que el animal llegó al Atlántico a través del Paso del Noroeste, el cual, gracias al aumento global de las temperaturas, ha permanecido en parte libre de hielo, permitiendo al animal salir a respirar. Una vez allí y siguiendo su rutina anual, comenzó a desplazarse hacia el sur, dejando la costa a su izquierda. Pero lo que encontró no fue Nuevo México, sino Israel.

Supongo que su viaje no acabará donde empezó, pero me pregunto qué pasaría si más de sus congéneres emprendieran la misma aventura. Ya existió en el Atlántico Norte una población de ballenas grises, probablemente distribuida a lo largo de las costas del norte de Europa e Islandia y de la costa este de Norteamérica, pero que se extinguió allá por el siglo XVII, esquilmada por los balleneros. Quizá sea esta una avanzadilla reconociendo el terreno para preparar el regreso de la especie a dónde nunca debió desaparecer.

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