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Archive for the ‘Divulgación’ Category

Hace cosa de 330 días os hablaba de los ganadores del concurso de microfotografía que Nikon celebra cada año (así por hacerles publicidad gratuita más que nada, que este blog tiene cienes y cienes de seguidores y se de buena tinta que la empresa japonesa espera impaciente sus cinco líneas de gloria en LMV).

El tema es que este año, en lugar de servirlo todo hecho, os cuento que están abiertas las votaciones populares del susodicho concurso (las votaciones serias fueron el 13 de mayo). Así que tenéis hasta el 8 de octubre para disfrutar de un concurso de fotografía totalmente diferente y, de paso, participar de una actividad democrática más interesante que esas que se celebran cada 4 años para elegir a unos señores muy malévolos que hacen lo que otros señores más malévolos, presidentes de una cosa llamadas multinacionales, les obligan a hacer.

Como muestra un botón, o mejor dicho, cuatro, que son mis fotografías favoritas de este año. Que lo disfrutéis.

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Nos encanta adornar la Historia con leyendas sobre la vida y obra de los grandes personajes, reduciendo toda una trayectoria a un momento único repleto de heroísmo. Algunas  veces buscando ejemplos de la eterna lucha del bien contra el mal retratada en forma de iluminado adelantado a su tiempo y conocedor de la verdad que se enfrenta a los pesos pesados del inmovilismo de su época. Imaginemos sino a Galileo diciendo por lo bajini aquello de E pur si mouve delante de los jueces de la Santa Inquisición. Oír, lo que es oír, nadie lo oyó, pero parece que un primo de un cuñado del ayudante del carcelero que pasaba por allí…

Otras veces la leyenda se presenta en forma de un mágico momento de lucidez dónde el  sabio que ve la luz por un golpe de fortuna. Impactante si, falso también. A Newton no se le ocurrió la Ley de la Gravitación Universal por un manzanazo mientras sesteaba, sino que observando caer una manzana, empezó a pensar en la causa de que los objetos siempre cayeran de forma perpendicular al suelo e imaginó que sería por que la Tierra los atraía (al menos esto es lo que cuenta un testigo presencial, William Stukeley, en su libro Memoirs of Sir Isaac Newton, cuyo original se puede consultar en la página de la Royal Society).

La manzana incorrupta de Newton (Foto: mc2)

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Hace no muchos años, cuando era más joven y feliz que decía el cantante, hice mis pinitos en el mundillo de la Ciencia. Mi primera experiencia fue en un departamento en la Universidad, mareando caracoles marinos (concretamente Littorina saxatilis) para intentar demostrar algunas cosillas sobre el maravilloso proceso de la especiación simpátrica (¿Evolución? ¡Hereje!). Por suerte, me tocó compartir algunas horas en el campo y cientos en el laboratorio con buenos compañeros, de los que aprendí muchas cosas que por aquel entonces no conseguía entender su verdadero valor. Pero también descubrí que fuera de las paredes de nuestro idílico laboratorio estaba el verdadero mundo de la investigación universitaria: una jungla habitada por enchufados, trepas, malaspersonas, amiguistas,  profesores-malos-docentes-y-peores-investigadores y calaña variada inclasificable. Y entre todos ellos alguna que otra persona normal, todo hay que decirlo. Viendo el percal, asustado cual gacela de documental, decidí que ese mundo no era para mí y ahí acabo mi peripecia seudo-investigadora.

Catálogo de méritos para acceder a un departamento en la Universidad

Pasado algún tiempo, tuve la suerte de colaborar -por tres perras- en un proyecto de investigación de cierta relevancia en un sitio muy inhóspito pero con gente muy reconocida en el mundillo de los mamíferos marinos. Sin duda otra oportunidad impagable para tomar contacto con la vida real del biólogo de campo con sus interminables horas de toma de datos. Todo muy repetitivo, soso y aburrido, culminado con el tedioso trabajo de introducción de datos para un más tedioso análisis. Pero todo tiene su parte negativa. Aquí descubrí el verdadero valor de tu trabajo -que tiende a menos infinito- cuando no tienes un nombre y para ser científico de verdad lo que importa no es la calidad de tu trabajo, sino la cantidad. La razón de ser de las eminencias científicas se reduce a publicar, publicar y publicar, para ser y tener más que los demás y poder mirarlos por encima del hombro en los congresos. Y el pobre infeliz que pasa horas al sol recogiendo datos que de gracias por que le hayan dejado participar, porque su nombre no figurará ni en los agradecimientos.

La idílica vida del becario

Si has conseguido leer toda esta introducción biográfica sin prenderte fuego a lo bonzo, no desesperes, que la chicha de esta entrada viene a continuación. Como dicen por ahí, mal de muchos consuelo de tontos, pero al menos consolado me quedo sabiendo que lo de ser un pringado recolector para la gloria ajena y acongojado por el sistema investigador universitario poblado de tiburones que ni en la bolsa de Nueva York, se debe a que los científicos son todos gente muy mala. Y no lo digo yo, lo dice un artículo –que ironía- publicado en la revista Nature que lleva por título Peers nip misconducted in the bud (puedes descargar el material suplementario aquí).

Según una macroencuesta realizada entre 2599 investigadores, los asaltos a la ética y el buen hacer científico están a la orden del día. Ni más ni menos que 2193 de los encuestados (84%) reconocen haber sido testigos de lo que llaman infracciones o errores científicos, lo que incluye falsificación o invención de datos, plagio, manipulación de datos para obtener un resultado buscado o prácticas de publicación cuestionables.

Unos datos sobre las mentiras con los datos (reproducido de Koocher & Keith-Spiegel, 2010)

La lectura que hago de esta encuesta no es que las revistas científicas estén llenas de datos falsos y que la Ciencia es toda una mentira. Para eso tenemos a los padres efebóbilos y los defensores de la pureza intelectual. Lo que me parece preocupante del tema es la mercantilización de la investigación y el conocimiento como unos elementos más de la economía de mercado. El fin no es contribuir al desarrollo científico sino ser reconocido, recaudar muchos fondos para tu club privado –antiguamente conocido como grupo de investigación- y de paso humillar a tus competidores. Como si en Ciencia existiesen competidores. A este paso acabarán por poner nombres de empresas a las nuevas especies descritas al estilo de los estadios de fútbol modernos. Ya me imagino el maravilloso nombre que llevará la próxima mariposa descubierta las selvas africanas, algo así como Bayeria pharmaceuthicii.

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Os comunico la feliz noticia de que La Vida Maravillosa ha tenido un hermanito. El Blog ha nacido esta misma mañana y por decisión unánime del padre llevará el nombre de Faunarium. En él se expondrán las fotografías de cualquier forma de ser pluricelular, tenga o no piernas, lleve o no alas, sea clorofílico o hemolínfico, sea  verde, azul o amarillo. Si pasa por delante de mi objetivo allí tendrán su sitio.

Esperamos vuestra visita  en tan esplendoroso momento!!

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Seguro que has ya has oído hablar del dinosaurio-ave-venenoso que acapara los titulares de la sección de Ciencia de los periódicos de medio mundo. La nueva versión de serpiente emplumada que sustituye al mítico Quetzatlcoatl es el Sinornithosaurus, un dinosaurio terópodo de la familia de los Dromeosauridos, a la que también pertenece el mítico Velociraptor. Tanto aquí como en nuestras antípodas, se repite, con una similitud asombrosa, la noticia de la publicación en la PNAS del artículo donde se describe tan maravilloso acontecimiento.

Por un lado entiendo que los periódicos se vean casi obligados a dar cierto toque de sensacionalismo a todas y cada una de las noticias que publican, ya sean sobre ciencia, política o los vestidos de la reina de Chiquitistán. Lo que me parece un poco más chocante es el tono de algunas secciones del artículo en cuestión y las palabras de los propios investigadores acerca del descubrimiento. Pero vayamos por partes.

La serpiente emplumada

El artículo firmado por Enpu Gong, Larry Martin, David Burnham y Amanda Falk, está disponible online a partir de esta misma semana en la página web de la PNAS. Aunque en general, el texto se ciñe a la típica prosa científica, llena de cautela en sus conclusiones, me llama la atención su título: The bird like Sinornithosaurus was venomous. Así de entrada, para afirmar que el animal era venenoso hay que tener unas evidencias realmente fuertes que sostengan tu teoría, si no sería más lógico añadir un simple posiblemente y quedas mucho mejor. Aunque para mí el título tiene cierto toque publicitario, porque si los autores dan por hecha su teoría, el lector tomará una posición más favorable a pensar que lo que le van a contar es cierto.

El artículo son tres páginas (una de bibliografía) en la que se describen las características anatómicas que hace pensar a los autores en la posibilidad de que el Sinornithosaurio poseyera glándulas venenosas. Concretamente se basan en dos caracteres: dientes acanalados y un espacio situado en la superficie exterior del hueso maxilar. Este espacio, denominado fosa subfenestral, sería el lugar de almacenamiento del veneno, que sería inyectado en sus víctimas a través de los canales. Este mecanismo sería muy similar al que poseen actualmente ciertas especies de lagartos y serpientes venenosas. Hasta aquí todo bien. Al menos en parte.

Dibujo del cráneo del Sinornithosaurio (Reproducido del artículo original)

Fósil donde se aprecian los dientes acanalados (Reproducido del artículo original)

Por un lado la teoría podría encajar, ya que las estructuras son lo suficientemente similares a las encontradas en especies actuales, por lo que sería posible que desempeñaran la misma función. Pero por otra lado esta lo que es uno de mis temas favoritos de la Biología Evolutiva: la relación entre la forma y la función y las fuerzas evolutivas que las modelan. En algunos casos, la relación entre ambos factores no es tan directa como podría parecer a simple vista si se carece de la posibilidad de observar al animal en vivo, como sucede en el campo de la Paleontología. Como ya comenté en una entrada anterior, las míticas garras del Velociraptor fueron inicialmente interpretadas como armas de ataque, algo lógico, acostumbrados como estamos a las imágenes de grandes depredadores que usan el mismo tipo de armas. Sin embargo, recientemente se ha dado un giro a esta interpretación y ahora se considera más probable que en realidad las garras fueran usadas por el animal para trepar por los árboles y fijarse a la presa en el momento del ataque, matándola a mordiscos. Por lo tanto, aunque sea probable, como no es demostrable, mejor un poco de prudencia.

Después está el problema de las interpretaciones sobre la ecología del animal, que siempre me han parecido que tienen cierto aroma a imaginación un poco fuera de lugar. En el artículo se explica como el Sinornithosaurio actuaba:

“El veneno del Sinornithosaurio puede haber tenido unas propiedades similares al de serpientes opistoglifas y lagartos helodermidos de forma que no mataba rápidamente al animal envenenado sino que lo dejaba en estado de shock. Si el veneno fuera igual al de esos animales, probablemente el modo de inyectarlo sería “morder y no soltar””

Empiezan suponiendo que los canales en los dientes son para inyectar veneno y acaban haciendo elucubraciones sobre su composición. Quizá lo próximo sea intentar adivinar el color de sus plumas. Pero el asunto no termina aquí. El párrafo anterior dice:

“Parece que los largos dientes maxilares no habrían sido insertados profundamente en la presa, y si así fuera, sería difícil extraerlos sin dañarse. Su longitud puede ser el resultado de la necesidad de penetrar una gruesa capa de plumas. Una vez atravesadas las plumas, los dientes acanalados penetrarían de 4 a 6 mm en la piel. Esto sería suficiente para cortar el tejido subdérmico y permitir al veneno entrar en el torrente sanguíneo pero serían demasiado superficiales para causar la muerte o inmovilización por trauma por sí solo”

Y yo me pregunto, de donde sale la idea de que el Sinornithosaurio atacaba a animales con plumas? Dónde están tales evidencias? Por qué no pensar que atacaba a animales menores que él, a los que simplemente mataba de un mordisco, siendo en este caso esos 4-6 mm suficientes para causarles la muerte directamente? O quizá a animales mayores con una piel gruesa y sin plumas? Creo que es excesivamente arriesgado suponer el método de caza de una especie de la que no hemos visto más que una docena de esqueletos y más teniendo en cuenta el escasísimo conocimiento que tenemos de la ecología de la época. Imaginemos por un momento que los cachalotes se hubiesen extinguido hace 65 m. a. Si un grupo de investigadores recuperara el esqueleto fosilizado de un cachalote y observara su dentadura, acaso serían capaces de imaginar que el animal se sumergía más de 1.000 metros  durante casi 1 hora, en busca de calamares en las profundidades del océano? Quizá pensaran que los dientes enormes sirvieran para romper el caparazón de las tortugas gigantes de las que alimentaban o cualquier otra teoría que su imaginación le permitiese.

Los medios de des-comunicación

La segunda parte del asunto es el tratamiento que los medios han dado al asunto. He leído la noticia en decenas de sitios y todos repiten básicamente las mismas palabras: ave venenosa, tamaño de un pavo, colmillos acanalados, descubrimiento histórico, bla, bla bla… Como muestra un botón. El ABC (hay que leer todo en esta vida) en su edición digital titula: “Hallan una terrible ave prehistórica que paralizaba a sus víctimas con veneno”. Lo de terrible es cosecha de la gran periodista, para darle un toque parquejurasiano a la noticia que le dé el interés del que ella cree que carece. Para luego continuar: “La presa entraba rápidamente en estado de shock, pero, todavía viva, podía ver atolondrada cómo estaba siendo devorada por su verdugo”. La película de terror continúa. “Cuando mordía a sus presas, éstas entraban en estado de shock, lo que reducía la posibilidad de que se defendieran o emprendieran la huida. Sin embargo, las víctimas se daban cuenta de su fatal destino, porque no morían enseguida. Podían ver cómo sus miembros eran despedazados hasta que se les escapaba su último suspiro. La muerte era cruenta” Básicamente la noticia es una sucesión de palabras como monstruo, devorar, cruel, muerte, etc. Todo muy drámatico.

Solo encontré un periódico que tratara a la noticia como se merece, y que se tomó la molestia de consultar su opinión a una tercera parte, en lugar de decir simplemente amén. En la Folha de São Paulo consultaron al biólogo Leonardo de Oliveira de la USP, especialista en anatomía de producción de veneno en serpientes. Reproduzco tal cual esa parte de la noticia:

“A pedido da Folha, o biólogo Leonardo de Oliveira, especialista na anatomia produtora de veneno das serpentes, avaliou o estudo na “PNAS”. “Ultimamente virou moda identificar veneno em vários bichos. A hipótese deles é interessante, mas me parece algo frágil”, diz Oliveira, que trabalha no Museu de Zoologia da USP e é doutorando da Unesp de Rio Claro.

Um detalhe importante, explica ele, é a própria presença de sulcos ou “canaletas” supostamente condutores de veneno nos dentes do Sinornithosaurus. “A questão é que aparecem sulcos em vários dentes do animal. Mas, nas serpentes modernas com as quais ele é comparado, em geral esses sulcos estão restritos a um ou dois dentes que ajudam a conduzir o veneno, embora isso varie bastante”, afirma Oliveira.

Para ele, a própria presença da fossa subfenestral não é suficiente para comprovar a existência de uma glândula produtora de veneno. “É muito difícil ter certeza disso trabalhando com um animal extinto”, diz.””

Solo nos queda esperar el descubrimiento de un fósil de Sinornithosaurio inyectando veneno a su presa (por supuesto emplumada), veneno fosilizado incluido. Mientras tanto, permitidme que dude.

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Hoy se cumple la primera semana de otra de mis visitas a la metrópolis más grande del hemisferio sur. No ha estado nada mal el cambio de otoño por primavera, aunque haya salido perdiendo en otros aspectos, como el de encontrarme rodeado por 18 millones de humanoides que convierten a la ciudad en el caos absoluto, difícilmente digerible para alguien de pueblo como un servidor. Durante estos días el blog ha permanecido en estado de hibernación y probablemente permanecerá en este estado latente a menos que el mal tiempo me obligue a quedarme cerca del ordenador. Mientras tanto, para que no parezca que no le tengo cariño a esta vida maravillosa, os traigo unas fotos impresionantes para alegrar la vista.

Maelifellsandur (Foto de Bernhard Edmaier)

Ghoubbet al-Kharab (Foto de Bernhard Edmaier)

Painted hills (Foto de Bernhard Edmaier)

Las fotos están robadas de la web de NewScientist, que tiene una sección de imágenes de lo más interesante, aunque el libro al que pertenecen se llama Earth on fire: how volcanoes shape our planet de Bernhard Edmaier (echale un vistazo  aquí).

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La mayoría de la gente suele idealizar la vida del biólogo de campo como una gran aventura en busca de las maravillas de la naturaleza. Lo cierto es que el trabajo suele ser una tediosa y monótona toma de datos para terminar con un más tedioso y monótono análisis de esos datos, que finalmente llevarán a una pequeña aportación al conocimiento de la Humanidad. Y no hay queja, bastante es poder colocar un pequeño granito de arena.

 

Sin embargo, a veces ocurre un pequeño hecho inesperado que le da al trabajo constante ese punto necesario para conseguir un gran descubrimiento. Algo así ocurrió con el yacimiento de fósiles de Burgess Shale por Walcott. Y algo parecido, aunque menos espectacular, es lo que le ha ocurrido a Andrew Marshall en la selva de Magombera, en Tanzania.

 

Marshall y sus compañeros de la Universidad de York, trabajaban en esa zona de Tanzania investigando monos. Pero no serían los interminables días persiguiendo macacos lo que le daría su mayor satisfacción. Un día mientras caminaba por la selva, se cruzó con una serpiente, que se asustó y, antes de huir, soltó al animal que estaba a punto de ser su cena. El investigador creía que se trataba de una especie  desconocida, pero el material no era el ideal para identificaciones. Por suerte para Marshall, unos kilómetros más allá, se encontró con otro ejemplar de esta especie, pero esta vez vivito y coleante. Así que le hizo unas fotos al misterioso bicho y se las envió a un amigo herpetólogo, que le confirmó que había descubierto una nueva especie de camaleón, a la que daría el nombre de Kinyongia magomberae. Para que os hagáis una idea de la dificultad del asunto, solo se descubren de media dos nuevas especies de camaleones cada año. Y todo esto buscando monos…

 

Kinyongia magomberae, un regalo de aniversario para Darwin (Fuente: Telegraph.co.uk)

 

El descubrimiento ocurrió hace tres años, pero se hará oficial esta semana con su publicación en la African Journal of Herpetology. La publicación por tanto coincide en la misma semana en la que celebramos el 150 aniversario de la publicación del libro que cambiaría la Biología y prácticamente la Ciencia moderna (concretamente ayer, 24 de Noviembre). Un libro más famoso que Jesucristo y los Beatles juntos (para que no vayas de sobrado Lennon). Hablo, como no, del mítico, el inigualable, el indescriptible, el inconmensurable El origen de la especies. Y esta coincidencia espacio-temporal sirve para recordarnos que, mientras este planeta ha ido girando según la constante ley de la gravitación universal, se han desarrollado y se están desarrollando, a partir de un principio tan sencillo, infinidad de formas cada vez más bellas y maravillosas*.

*There is grandeur in this view of life, with its several powers, having been originally breathed into a few forms or into one; and that, whilst this planet has gone cycling on according to the fixed law of gravity, from so simple a beginning endless forms most beautiful and most wonderful have been, and are being, evolved.

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