Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘Paleontología’ Category

Marruecos es algo así como una gran factoría de producción de fósiles. Y no es ninguna metáfora. Literalmente se fabrican cantidades ingentes de fósiles que inundan las calles de cualquier de ciudad, se venden en puestos ambulantes en las carreteras e incluso tienen su cuota de mercado a través de internet. De hecho el título de esta entrada lo cogí prestado de un ensayo de Stephen J. Gould (que a su vez da título al libro que encabeza), en el que, entre otras cosas, nos habla de las falsificaciones made in Morocco. En concreto se centra en una especie de escorpión fósil, que como yo mismo pude comprobar no falta en la exposición de ningún chiringuito de minéraux et fossiles que se precie. El asunto es que la falsificación es tan asombrosamente burda que parece increíble que algún incauto pueda picar. Os lo muestro aquí abajo y decidís vosotros mismos. La foto está robada de la página de Flickr del usuario katieandtommy y en ella podemos ver la simpática falsificación al lado de un dibujo que aparece en el libro de Gould. Por desgracia yo no tengo mis propias fotos del escorpión porque hacer fotografías en Marruecos es una tarea imposible sin dinero por medio y no tenía ganas de pagar por una simple fotografía. (De hecho cualquier cosa que te propongas es imposible si no pagas, hasta preguntar una dirección. La sensación de que te miren como una cartera andante es agobiante, muy agobiante, y acabas por dejar de hacer ciertas cosas de las que te acabas arrepintiendo en el futuro).

 

 

(Foto: katieandtommy en Flickr)

Es curioso como estas falsificaciones proliferan de un modo directamente proporcional al cuadrado de la distancia que las separa del Atlas. En las carreteras de las montañas apenas se podían encontrar, en Marrakech ya eran habituales y en Essaouira pasaban a ser la especie dominante.

Pero las falsificaciones no son todas de una calidad tan infantiloide, sino que existen verdaderos artesanos que fabrican copias indistinguibles para los ojos de cualquier no iniciado en el tema. Es tal la perfección a la que han llegado que en internet existen hasta tutoriales de identificación de fósiles marroquíes falsos. Por desgracia, yo, que soy un completo ignorante del tema, todavía no he podido saber si el trilobites que me traje de Rissani salió del océano o del taller de algún manitas.

 

Fósiles de alta montaña

Lo que está claro es que se fabrican falsificaciones es porque la demanda es muy alta. Y si la demanda es alta es porque existe producto real de calidad. La cantidad de fósiles auténticos que se extraen del Atlas y Antiatlas es realmente espectacular. Y para colmo se pueden encontrar grupos de diferentes épocas, desde trilobites del Devónico, braquiópodos jurásicos o ammonoideos cretácicos. Por haber, hay hasta pterosaurios y fauna ordovícica de cuerpo blando.

Por suerte, el último día y en la última parada del viaje por el Atlas, tuve la suerte de encontrar el fósil más espectacular de todos. Mientras estiraba las piernas al lado de una tienda de carretera… lo ví allí, en el escaparate… llamándome… “cómprame, cómprame….”

 

Ese oscuro cefalópodo del deseo...

Supe que no era una falsificación desde el momento que le pregunté el precio al dependiente y sencillamente me respondió: “es caro, no puedes comprarlo”. ¿Un marroquí, que vendería hasta su alma, no me daba ni precio? Segundo intento y respuesta negativa. Le insistí para que me dijera el precio, solo por curiosidad. Mientras sonreía me lo espetó: 500€. Al menos no me quiso cobrar por las fotos. Por si alguien no conoce al sujeto de la fotografía, os lo presento. Eso es un Heteroceras, un ammonoideo del Cretácico inferior, que se caracteriza por su concha asimétrica a medio enrollar (como si fuese una especie de Ammonites en proceso de plegamiento).

 

Al final el que se ha enrollado he sido yo, porque lo que en realidad quería contaros con esta entrada es otra cosa. De fósiles de Marruecos, sí, pero otra cosa. Así que voy al grano. En la zona de Rissani y Erfoud la extracción de fósiles es enorme, por lo que se ha establecido una cierta “industria” en torno a los animales petrificados. Las cantidades que se obtienen de algunos grupos como ammonoideos, trilobites o crinoideos son impresionantes. Aquí va una muestra.

 

Crinoideos al sol

 

Una montaña de Ammonites

Orthoceras, los chipirones del pasado

Pero el grupo más abundante de todos son los Orthoceras, unos cefalópodos que habitaban los mares del Ordovícico y que seguro no esperaban un final así. En Erfoud son típicos los talleres de artesanos que trabajan las enormes losas donde fosilizaron los pobres orthoceras. Pero es tal su abundancia, que en lugar de ser preparados para su venta como piezas de coleccionista, pasan por un proceso de embellecimiento para ser convertidos en diferentes piezas que acabaran en la casa de algún hortera.

El taller del mal

 

Ahí lavaré yo los platos

Y como colofón, el desastre total, la humillación fosilífera, el acabose paleontológico. Millones de años bajo tierra no merecían este final. Morocco is different.

 

(No comment)

Anuncios

Read Full Post »

Si una cosa buena tiene vivir en Galicia es que somos vecinos de Portugal. Poder hacer escapadas al país vecino para disfrutar de su increíble gastronomía a precios populares (solo superada por la brasileña en mi ranking particular), de esas Sagres fresquitas, vinho verde rico rico y, cómo no, de sus mil sitios espectaculares y de esa gente sencilla, amable, simpática y siempre dispuesta a ayudar y agradar (igualito que los estirados con los que limitamos al norte). Esta pequeña introducción-disculpa solo sirve para que no se me tache de anti-luso por lo que voy a decir más adelante. Como digo, admiro a Portugal y a los portugueses en muchísimos aspectos, y me siento más cercano culturalmente a ellos que al 99% de España, pero si hay que criticarlos, pues también se les critica.

El cabo Mondego

Allá por Marzo decidimos ir de visita al país de los pasteis de Belém y uno de los objetivos principales del viaje era conocer el Cabo Mondego y la Serra da Boa Viagem, un punto turístico al norte de la todavía más turística Figueira da Foz. Esta zona es de visita obligada por dos motivos. Primero sus espectaculares acantilados formados por estratos de sedimentos calcáreos del Jurásico y Cretácico. Segundo por ser el mayor afloramiento de fósiles del Jurásico de toda Europa, incluyendo foraminíferos, ammonites, belemnites, braquiópodos y bivalvos del Jurásico Inferior y Medio y pisadas de terópodos del Jurásico Superior. Tal es su importancia que en 1996 fue declarado como GSSP del Bajociano (Sección y punto de estratotipo de límite global ó Global Boundary Stratotype Section and Point).

El Jurásico a la vista

Para mi desgracia no pude disfrutar de los fósiles por el tiempo de perros y la marea alta, pero rebuscando mínimamente en el mismo borde de la carretera ya era fácil encontrar impresiones de conchas en la piedra caliza. Aunque ese no sería el problema, lo gordo vendría después…

Hace millones de años...

(más…)

Read Full Post »

Parece ser que van a tener que cambiar otra vez algunas ilustraciones en los libros de Paleontología. Como ya había ocurrido con las famosas piñas voladoras de Burgess Shale, que resultaron ser parte de la mandíbula del mítico Anomalocaris, ahora es el turno de Archaeopteryx. Situémonos.

El vuelo matinal del Archaeopteryx

(más…)

Read Full Post »

Seguro que has ya has oído hablar del dinosaurio-ave-venenoso que acapara los titulares de la sección de Ciencia de los periódicos de medio mundo. La nueva versión de serpiente emplumada que sustituye al mítico Quetzatlcoatl es el Sinornithosaurus, un dinosaurio terópodo de la familia de los Dromeosauridos, a la que también pertenece el mítico Velociraptor. Tanto aquí como en nuestras antípodas, se repite, con una similitud asombrosa, la noticia de la publicación en la PNAS del artículo donde se describe tan maravilloso acontecimiento.

Por un lado entiendo que los periódicos se vean casi obligados a dar cierto toque de sensacionalismo a todas y cada una de las noticias que publican, ya sean sobre ciencia, política o los vestidos de la reina de Chiquitistán. Lo que me parece un poco más chocante es el tono de algunas secciones del artículo en cuestión y las palabras de los propios investigadores acerca del descubrimiento. Pero vayamos por partes.

La serpiente emplumada

El artículo firmado por Enpu Gong, Larry Martin, David Burnham y Amanda Falk, está disponible online a partir de esta misma semana en la página web de la PNAS. Aunque en general, el texto se ciñe a la típica prosa científica, llena de cautela en sus conclusiones, me llama la atención su título: The bird like Sinornithosaurus was venomous. Así de entrada, para afirmar que el animal era venenoso hay que tener unas evidencias realmente fuertes que sostengan tu teoría, si no sería más lógico añadir un simple posiblemente y quedas mucho mejor. Aunque para mí el título tiene cierto toque publicitario, porque si los autores dan por hecha su teoría, el lector tomará una posición más favorable a pensar que lo que le van a contar es cierto.

El artículo son tres páginas (una de bibliografía) en la que se describen las características anatómicas que hace pensar a los autores en la posibilidad de que el Sinornithosaurio poseyera glándulas venenosas. Concretamente se basan en dos caracteres: dientes acanalados y un espacio situado en la superficie exterior del hueso maxilar. Este espacio, denominado fosa subfenestral, sería el lugar de almacenamiento del veneno, que sería inyectado en sus víctimas a través de los canales. Este mecanismo sería muy similar al que poseen actualmente ciertas especies de lagartos y serpientes venenosas. Hasta aquí todo bien. Al menos en parte.

Dibujo del cráneo del Sinornithosaurio (Reproducido del artículo original)

Fósil donde se aprecian los dientes acanalados (Reproducido del artículo original)

Por un lado la teoría podría encajar, ya que las estructuras son lo suficientemente similares a las encontradas en especies actuales, por lo que sería posible que desempeñaran la misma función. Pero por otra lado esta lo que es uno de mis temas favoritos de la Biología Evolutiva: la relación entre la forma y la función y las fuerzas evolutivas que las modelan. En algunos casos, la relación entre ambos factores no es tan directa como podría parecer a simple vista si se carece de la posibilidad de observar al animal en vivo, como sucede en el campo de la Paleontología. Como ya comenté en una entrada anterior, las míticas garras del Velociraptor fueron inicialmente interpretadas como armas de ataque, algo lógico, acostumbrados como estamos a las imágenes de grandes depredadores que usan el mismo tipo de armas. Sin embargo, recientemente se ha dado un giro a esta interpretación y ahora se considera más probable que en realidad las garras fueran usadas por el animal para trepar por los árboles y fijarse a la presa en el momento del ataque, matándola a mordiscos. Por lo tanto, aunque sea probable, como no es demostrable, mejor un poco de prudencia.

Después está el problema de las interpretaciones sobre la ecología del animal, que siempre me han parecido que tienen cierto aroma a imaginación un poco fuera de lugar. En el artículo se explica como el Sinornithosaurio actuaba:

“El veneno del Sinornithosaurio puede haber tenido unas propiedades similares al de serpientes opistoglifas y lagartos helodermidos de forma que no mataba rápidamente al animal envenenado sino que lo dejaba en estado de shock. Si el veneno fuera igual al de esos animales, probablemente el modo de inyectarlo sería “morder y no soltar””

Empiezan suponiendo que los canales en los dientes son para inyectar veneno y acaban haciendo elucubraciones sobre su composición. Quizá lo próximo sea intentar adivinar el color de sus plumas. Pero el asunto no termina aquí. El párrafo anterior dice:

“Parece que los largos dientes maxilares no habrían sido insertados profundamente en la presa, y si así fuera, sería difícil extraerlos sin dañarse. Su longitud puede ser el resultado de la necesidad de penetrar una gruesa capa de plumas. Una vez atravesadas las plumas, los dientes acanalados penetrarían de 4 a 6 mm en la piel. Esto sería suficiente para cortar el tejido subdérmico y permitir al veneno entrar en el torrente sanguíneo pero serían demasiado superficiales para causar la muerte o inmovilización por trauma por sí solo”

Y yo me pregunto, de donde sale la idea de que el Sinornithosaurio atacaba a animales con plumas? Dónde están tales evidencias? Por qué no pensar que atacaba a animales menores que él, a los que simplemente mataba de un mordisco, siendo en este caso esos 4-6 mm suficientes para causarles la muerte directamente? O quizá a animales mayores con una piel gruesa y sin plumas? Creo que es excesivamente arriesgado suponer el método de caza de una especie de la que no hemos visto más que una docena de esqueletos y más teniendo en cuenta el escasísimo conocimiento que tenemos de la ecología de la época. Imaginemos por un momento que los cachalotes se hubiesen extinguido hace 65 m. a. Si un grupo de investigadores recuperara el esqueleto fosilizado de un cachalote y observara su dentadura, acaso serían capaces de imaginar que el animal se sumergía más de 1.000 metros  durante casi 1 hora, en busca de calamares en las profundidades del océano? Quizá pensaran que los dientes enormes sirvieran para romper el caparazón de las tortugas gigantes de las que alimentaban o cualquier otra teoría que su imaginación le permitiese.

Los medios de des-comunicación

La segunda parte del asunto es el tratamiento que los medios han dado al asunto. He leído la noticia en decenas de sitios y todos repiten básicamente las mismas palabras: ave venenosa, tamaño de un pavo, colmillos acanalados, descubrimiento histórico, bla, bla bla… Como muestra un botón. El ABC (hay que leer todo en esta vida) en su edición digital titula: “Hallan una terrible ave prehistórica que paralizaba a sus víctimas con veneno”. Lo de terrible es cosecha de la gran periodista, para darle un toque parquejurasiano a la noticia que le dé el interés del que ella cree que carece. Para luego continuar: “La presa entraba rápidamente en estado de shock, pero, todavía viva, podía ver atolondrada cómo estaba siendo devorada por su verdugo”. La película de terror continúa. “Cuando mordía a sus presas, éstas entraban en estado de shock, lo que reducía la posibilidad de que se defendieran o emprendieran la huida. Sin embargo, las víctimas se daban cuenta de su fatal destino, porque no morían enseguida. Podían ver cómo sus miembros eran despedazados hasta que se les escapaba su último suspiro. La muerte era cruenta” Básicamente la noticia es una sucesión de palabras como monstruo, devorar, cruel, muerte, etc. Todo muy drámatico.

Solo encontré un periódico que tratara a la noticia como se merece, y que se tomó la molestia de consultar su opinión a una tercera parte, en lugar de decir simplemente amén. En la Folha de São Paulo consultaron al biólogo Leonardo de Oliveira de la USP, especialista en anatomía de producción de veneno en serpientes. Reproduzco tal cual esa parte de la noticia:

“A pedido da Folha, o biólogo Leonardo de Oliveira, especialista na anatomia produtora de veneno das serpentes, avaliou o estudo na “PNAS”. “Ultimamente virou moda identificar veneno em vários bichos. A hipótese deles é interessante, mas me parece algo frágil”, diz Oliveira, que trabalha no Museu de Zoologia da USP e é doutorando da Unesp de Rio Claro.

Um detalhe importante, explica ele, é a própria presença de sulcos ou “canaletas” supostamente condutores de veneno nos dentes do Sinornithosaurus. “A questão é que aparecem sulcos em vários dentes do animal. Mas, nas serpentes modernas com as quais ele é comparado, em geral esses sulcos estão restritos a um ou dois dentes que ajudam a conduzir o veneno, embora isso varie bastante”, afirma Oliveira.

Para ele, a própria presença da fossa subfenestral não é suficiente para comprovar a existência de uma glândula produtora de veneno. “É muito difícil ter certeza disso trabalhando com um animal extinto”, diz.””

Solo nos queda esperar el descubrimiento de un fósil de Sinornithosaurio inyectando veneno a su presa (por supuesto emplumada), veneno fosilizado incluido. Mientras tanto, permitidme que dude.

Read Full Post »

Los comienzos siempre son difíciles

El largo camino de Anomalocaris comienza en 1886, cuando los primeros ejemplares fueron encontrados en un yacimiento de trilobites Ogygopsis próximo al archifamoso Burgess Shale (Canadá). En 1892, J. F. Whiteaves decribió el primer ejemplar de Anomalocaris canadiensis en el Canadian Record of Science como el cuerpo sin cabeza de un artrópodo con aspecto de camarón.

Cuando en 1909, Charles Doolittle Walcott descubrió el yacimiento de Burgess Shale, nada volvería a ser lo mismo, ni para la Paleontología ni para nuestro Anomalocaris. Walcott encontró un buen número de ejemplares del fósil descrito por Whiteaves, que representaba la parte posterior de un crustáceo, siendo las espinas ventrales los apéndices.

Anomalocaris apendice

Aspecto del primer Anomalocaris descrito (el primo de Rodolfo langostino)

La posición taxonómica de Anomalocaris en aquel momento era esta:

Clase Crustacea

Subclase Branchipoda

Orden Notostracea

(Los Notostraca actuales comprenden un pequeño grupo de 12 especies pertenecientes a dos géneros, agrupados en la familia Triopsidae).

En la historia de Anomalocaris intervienen tres especies extra, mas tarde entenderemos el porqué. La primera de ellas es Sydneia. Walcott describe un apéndice que encontró aislado como una estructura alimenticia de esta especie de artrópodo, ya que consideraba que era el único animal con el tamaño suficiente para portar un apéndice tan grande, lo que lo convertía en el depredador mas feroz de los mares cámbricos.

Anomalocaris apendice F

Apéndice de Sydneia

La segunda es Peytoia, que Walcott describe como una medusa, a partir de fósiles en los que se observa una estructura circular con una abertura central, donde se sitúan 32 lóbulos, basándose únicamente en su simetría radial e interpretando los lóbulos como brazos orales.

Anomalocaris - Peytoia

Peytoia, el fósil de una fruta tropical

Y la última es Laggania, descrita como una holoturia en base a un único ejemplar, que además estaba en un lamentable estado de conservación.

Descubriendo… la verdad

Todo permaneció tranquilo hasta el final de los años sesenta del siglo pasado. Por aquel entonces, el paleontólogo experto en trilobites, Harry Whittington, realiza dos campañas en Burgess Shale para recolectar nuevo material. A partir de estas visitas y con el material recolectado por Walcott, comenzará junto con Simon Conway Morris y Derek Briggs la tarea de revisar y redescribir la fauna cámbrica de Burgess Shale.

En 1979, le adjudican a Briggs la revisión de Anomalocaris, que, como hemos dicho, se suponía que era la parte posterior de un crustáceo con caparazón bivalvo. La reconstrucción de Briggs comenzaba el cambio: concluyó que Anomalocaris no era un animal completo, sino un apéndice con espinas en sus márgenes ventrales y que, los apéndices alimenticios de Sydneia en realidad eran una variación de la misma estructura y ambos pertenecían al mismo organismo (En 1981, Bruton determinó que el escudo cefálico de Sydneia no tiene el espacie suficiente para alojar unos apéndices de ese tamaño). Aunque Briggs cometió el error de describir ambas estructuras como pertenecientes al mismo artrópodo, siendo la primera de ellas una pata marchadora y la segunda un apéndice alimenticio, sentaba las bases para la descripción correcta de Anomalocaris.

En los años siguientes siguen trabajando con nuevo material y revisando el recogido por Walcott. Aplicando un microtaladro para buscar mas allá de la superficie, comienzan a encontrarse que en la mayoría de los casos existe una asociación entre Anomalocaris, Peytoia y Laggania. Las piezas del puzzle ya estaban listas para ser unidas.

Whittington y Briggs publican en 1985 la resolución del enigma en la Philosophical Transactions of the Royal Society of London, bajo el título “The largest Cambrian animal, Anomalocaris, Burgess Shale, British Columbia”1.

anomalocaris

Reconstrucción de Anomalocaris

Anomalocaris es un animal de cuerpo alargado con una región cefálica bien diferenciada. En ella se sitúan un par de apéndices que portan espinas en su cara interior, que fueron malinterpretadas como el cuerpo de la primera descripción de Anomalocaris por Whiteaves y Walcott y que se corresponden con los apéndices de la especie A. canadienses. Los supuestos apéndices cefálicos de Sydneia son en realidad los apéndices de A. nathorsti. Tambien en la cabeza, en posición ventral, se encuentra la boca, que es una estructura con forma circular, rodeada de placas que portan dientes en su cara interior. Exactamente, esta es la descripción de Peytoia, que no es ni una medusa ni una rodaja de piña, sino la boca de Anomalocaris.

El cuerpo se divide en una serie de lóbulos superpuestos, que alcanzan su mayor tamaño en el 5º segmento, para ir decreciendo en dirección posterior. Whittington y Briggs interpretan que el animal nadaba con movimientos ondulatorios de los lóbulos (recientemente se ha realizado la simulación del proceso2). Puedes ver a un Anomalocaris en su salsa en estos videos. El primero es el inicio del documental “Darwin´s dilemma” y el segundo pertenece a la serie “Caminando entre monstruos” (en éste el Anomalocaris aparece en el minuto 1:00 del video)

 

 

 

En este último video el Anomalocaris entra a hombros por la puerta grande, ya que nada mas aparecer se merienda a un desvalido Trilobites, demostrando así su fama de gran depredador del Cámbrico. Pero parece que esta imagen podría ser incorrecta y que si intentara comerse a un Trilobites acabaría con dentadura postiza. Mariel T. Schottenfeld presentó este mismo año en la 44th Annual Meeting of The Geological Society of America, la teoría de que Anomalocaris no era capaz de atacar a Trilobites, ya que las distintas piezas de su mandíbula no estaban mineralizadas y que, además, no se encuentran evidencias adicionales como señales de abrasión en las piezas bucales,  la presencia de restos de Trilobites tras ser atacados o formando parte del contenido del aparato digestivo de Anomalocaris. Apoyando esta nueva teoría está el paleontólogo James W. Hagadorn, que presentó sus resultados en la International Conference on the Cambrian Explosion en verano de este año. Esta teoría rebatiría la idea generalizada hasta hoy, que encontramos en un artículo de 1999 de Cristopher Nedin3, donde sostiene que Anomalocaris era capaz de depredar sobre trilobites con cutículas mineralizadas, lo que además, constituiría una presión selectiva para el desarrollo de la mineralización y la respuesta de enrollamiento en Trilobites.

Actualmente han sido descritas cinco especies de Anomalocaris, que se agrupan en la familia Anomalocarididae, perteneciente al phylum Lobopodia.

Phylum Lobopodia

†Clase Dinocaridia

Orden Radiodonta

Familia Anomalocarididae

Gén. Amplectobelua

Cucumericrus

Laggania

Hurdia

Parapeytoia?

Schinderhannes

Anomalocaris

A. brigsi

A. canadiensis

A. nathorsti

A. pennsylvanica

A. saron

 

 

REFERENCIAS:

1: Whittington, H.B & Briggs, D. E. G. 1985. The largest Cambrian animal, Anomalocaris, Burgess Shale, British Columbia. Philosophical Transactions of the Royal Society of London, Biological Sciences, 309 (1141): 569-609.

2: Usami, Y. 2006. Theoretical study on the body form and swimming pattern of Anomalocaris based on hydrodynamic simulation. Journal of Theoretical Biology, 238 (1): 11-17.

3: Nedin, C. 1999. Anomalocaris predation on nonmineralized and mineralized trilobites. Geology, 27 (11): 987-990.

Read Full Post »

El Velociraptor es, sin duda, junto con el T. rex y el Diplodocus uno de los dinosaurios mas reconocibles por la mayoría de la gente. Se sitúa dentro de la familia Dromaeosauridae, un grupo de dinosaurios terópodos de pequeño tamaño, altamente especializados para la depredación y, como primos que eran de los ancestros de las aves modernas, muchos de ellos presentaban el cuerpo cubierto de plumas. Sin embargo, la característica anatómica más reconocible de la familia, incluyendo al Velociraptor, es la enorme garra que poseen en el segundo dedo del pie, de tal tamaño, que el animal debía retraer durante la marcha.

Recreación digital de Velociraptor mongoliensis (National Geographic)

Recreación digital de Velociraptor mongoliensis (National Geographic)

(más…)

Read Full Post »