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La verdad es tan tozuda que acaba por salir a la luz por mucho que algunos intenten ignorarla. El año pasado escribí una entrada coincidiendo con el día del orgullo hispano, en la que además de “vitorear” las masacres de los conquistadores, recordaba a todo el que quisiera escucharlo que los primeros europeos en pisar suelo americano no llevaban banderas rojigualdas  ni estandartes de águilas imperiales. Resumiendo la historia: unos 500 años que Colón avistara una isla caribeña en la que no dejaría una sola cabeza sobre sus hombros, Leifr Eriksson partía rumbo al oeste desde Groenlandia. La expedición vikinga alcanzaría los territorios que llamarían Vineland, Helluland y Markland, que hoy conocemos como Nueva Escocia o la Península de Labrador. La primera prueba con aires de ser definitiva fue la datación con el método del carbono-14 de las herramientas encontradas en el asentamiento de L’anse aux Meadows (Leifsbudir para los vikingos), que lo situaban alrededor del año 1.000 d.c. ¡Bingo!

¿Algún defensor del orgullo patrio necesita más pruebas? Vaya, parece que para su desgracia han aparecido y, ¡oh! qué ironía, hay dos españoles metidos en el ajo. Estos dos renegados intelectuales son Federico Sánchez Quinto y Carles Lalueza Fox, la parte representante del CSIC en un proyecto realizado a medias con investigadores islandeses1. Su descubrimiento es realmente interesante, porque no solo demuestra contactos entre islandeses e indios americanos unos cuantos siglos antes que Colón, si no que es la prueba de intercambio a la inversa, es decir, de los primeros indígenas americanos en pisar suelo europeo.

 

Unos 500 años antes que Colón...

Los investigadores analizaron las genealogías de todos los habitantes de Islandia basándose en el DNA mitocondrial y encontraron que cuatro familias del sur del país pertenecían a un linaje que no existe en Europa y que casualmente es típico de nativos americanos y asiáticos . ¿Sería debido a la reciente llegada de inmigrantes al país? Respuesta negativa, ya que esos genes extranjeros aparecían en islandeses desde hacía más de 300 años. Por tanto debemos suponer que  los vikingos volvieron con algo más que madera y bayas de Vineland, y que al menos una mujer americana (el DNA mitocondrial solo se hereda de la madre) cruzó el charco antes de que los reyes católicos hubieran nacido para financiar el inicio de la larga noche de los 500 años.

 

Representación idealizada de la amerindia que llegó a Islandia

Por cierto, no quiero perder la oportunidad de decir lo que opino sobre la expresión “Descubrimiento de América” para referirse a la llegada de los conquistadores españoles. Veamos, el continente americano si fue descubierto por alguien sería por los primeros humanos que cruzaron el estrecho de Bering procedentes de Asia. Desde luego que no fueron los vikingos ni muchos menos los españoles, porque, repito, ya había asentamientos humanos allí. Lo único que muestra esa expresión es que se considera que América solo comenzó a existir cuando los europeos llegaron allí, lo cual es muestra de una ignorancia y paletismo que da hasta un poco de pena. Eso sí, si Colón descubrió América, la mujer que acompañaba a los vikingos descubrió Europa. ¡No le neguemos el lugar que se merece en la Historia!

 

REFERENCIAS:

1: Ebenesersdóttir, S. S., Sigurðsson, A., Sánchez-Quinto, F., Lalueza-Fox, C., Stefánsson, K. and Helgason, A. 2010. A new subclade of mtDNA Haplogroup C1 found in Icelanders: evidence of pre-columbian contact? American Journal of Physical Anthropology. DOI 10.1002/AJPA.21419. (link)

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Tienes sed. No hay problema. Te acercas a la cocina, coges un vaso, abres el grifo, lo llenas, haces de tu boca un embudo y deseo cumplido. Para nosotros los humanos resulta extremadamente sencillo beber (por desgracia no tan sencillo acceder a agua potable). Ahora ponte en la piel de, digamos, un babuino. Tampoco sería una tarea especialmente complicada. Te acercas a la charca más cercana, te agachas, pones un ojo en el agua y el otro apuntando a tu retaguardia para evitar mandíbulas hambrientas, haces de tu boca un embudo, comienzas a sorber y deseo cumplido. Esto se extiende a todos aquellos animales cuyas mejillas están completamente cerradas, lo que les permite succionar y, finalmente, gracias a la lengua, tragar el agua (cerdos o caballos, por ejemplo).

El problema lo tienen los animales de mejillas abiertas, como los cánidos, que no pueden formar un tubo aspirador porque sus mejillas no se sellan. Para beber, un perro necesita hundir su lengua en el agua y transportarla hasta su boca. No es sistema muy eficiente y mucho menos limpio, pero nada que pueda importar a un perro. Los felinos son otro mundo. Como ya sabréis los que tenéis gato, estos bichos dedican la mayor parte de su tiempo de vigilia, que no es mucho, a acicalarse. Así que, ¿cómo iba un animal tan pulcro a beber con un sistema que lo dejara todo babado? Ellos tenían que inventar algo más limpio, refinado y eficiente.

 

 

Cuando la sed aprieta...

Supongo que a estas alturas ya te habrás preguntado qué hago hablando de cómo beben los animales. Pues bien, todo esto surgió mientras ayer leía la entrada sobre el Síndrome EDC en las Historias Eulerianas. De toda la brillante entrada me quedó grabado el tratamiento que nos prescribe Eulez para el maligno  síndrome:

Sobre los estudiantes debe aplicarse la siguiente frase por vía oral tantas veces como sea necesario:

“Ni fórmulas, ni leyes, ni números, ni inteligencias privilegiadas… La ciencia precisa, por encima de todo, curiosidad”.

Efectivamente lo que falta es curiosidad, lo que sobra son personajes sin aspiraciones, amargados, caza-fondos-públicos-para-MI-investigación y demás fauna que crece en Universidades y centros de investigación(?).

Y pensando pensando en la cura de curiosidad, recordé una noticia que había leído hace algunos días en Science, que trae de nuevo a escena a nuestros animales bebedores. Hallábase Roman Stocker,  biofísico del MIT,  desayunando en su cocina mientras observaba a su gato Cutta Cutta bebiendo de su cuenco. Supongo que por su cabeza pasaría la secuencia de pensamientos parecida a la que describí al principio de la entrada (o quizá ni por asomo, mi cabeza es de biólogo y la suya de biofísico, quizá él sólo haya imaginado números, incógnitas e integrales).  El caso es que a Stocker lo invadió la curiosidad de saber cómo bebían los gatos. Así que reunió a un grupo de curiosos y en sus ratos libres se dedicaron a filmar con una cámara de alta velocidad la trepidante escena de Cutta Cutta y 9 amiguitos mas bebiendo.

 

He aquí las imágenes en cuestión:

 

Y en este otro vídeo una robot que simula el efecto de la lengua gatuna:

 

Los resultados fueron de lo más interesantes. En un artículo1 que publicaron en Science nos cuentan sus descubrimientos. Los gatos y, por extensión, los felinos beben de una forma totalmente diferente de los cánidos. Lo hacen mediante rápidos lengüetazos pero sin llegar a meter la lengua en el líquido, sino que solo entra en contacto la punta de la lengua con la superficie del agua, de forma que se ésta se adhiere a la lengua y es arrastrada hacia la boca en forma de pequeña columna. Yo siempre me había imaginado que el gato usaba para beber las papilas rígidas que tiene en la lengua, ya que suponía que de algún modo el agua sería retenida en ellas. Nada más lejos de la realidad porque de hecho su lengua carece de estas estructuras en la zona más próxima a la punta, que es, precisamente, la única que interviene para beber.

Una vez que la columna de agua es introducida en la boca, el gato la cierra y una parte del hilo de agua queda retenido. El mecanismo parece extremadamente sencillo pero es realmente maravilloso, ya que entra en juego un equilibrio de fuerzas: la gravedad que tira del agua hacia abajo y la inercia que la arrastra con la lengua del gato hacia arriba. Este equilibrio es lo que se conoce como número de Froude. Sin entrar en detalles, el número de Froude aparece en todo tipo de cuestiones relacionadas con hidrodinámica, desde problemas biológicos como el de los basiliscos que caminan por encima del agua, hasta construcción de barcos.

Ya veis que de la curiosidad de un señor científico que miraba a su gato mientras desayunaba acabamos hablando de hidrodinámica. Efectivamente esa es la palabra que mueve a la Ciencia y al mundo. Los que la perdieron deberían llamarse a sí mismos profesores de Universidad o funcionarios de laboratorio, pero nunca científicos.

 

Todo un ejemplo de modales y saber estar

Dejemos a los amargados y volvamos con los científicos. Pedro Reis, también biofísico del MIT y co-autor del estudio de gatos bebedores, parece compartir el mismo tipo de curiosidad genial de Stockes. En su página del Laboratorio de Elasticidad, Geometría & Estadística, de donde obtuve el artículo sobre los gatos, podéis ver una serie de experimentos y estudios de lo más asombroso. Yo me quedo con el mecanismo para agarrar agua2. Basándose en el diseño de las flores (me imagino a la inspiración llegando mientras veía a una flor flotando en un estanque), Reis y su equipo han diseñado una pipeta que permite capturar agua mediante un mecanismo pasivo en el que interviene la elasticidad de elementos finos y las propias fuerzas de la superficie de un líquido (video aquí). Lo más interesante es que el capturador de agua funciona a la inversa y permite robar aire antes de sumergirse (video aquí). Ya me puedo imaginar un futuro con paseos bajo el mar dentro de nuestra burbuja autónoma creada por una flor artificial tamaño XXL. Gracias, selección natural, por regalarnos ese don que es la curiosidad.

 

REFERENCIAS:

1: Reis, P. M.,  Jung, S.,  Aristoff, J. M. and Stocker, R. 2010. How Cats Lap: Water Uptake by Felis catus. Science [DOI: 10.1126/science.1195421] (link)

2: Reis, P. M., Hure, J., Jung, S., Bush, J.W.M. and Clanet, C. 2010. Grabbing Water. Soft Matter 6, 5705-5708. (link)

Nos encantan los records. Todo el mundo sabe que el animal terrestre más rápido es el guepardo y en el aire el halcón peregrino. El mamífero más grande es la ballena azul y el más pequeño la musaraña. Recuerdo que cuando trabajaba como guía en compañías de avistamiento de cetáceos, la curiosidad de los turistas siempre estaba dirigida a un número limitado y recurrente de preguntas sobre plusmarcas: Cuál es el cetáceo más pequeño (el más grande es conocido de sobra), qué profundidad llegan a alcanzar los cachalotes o cuánto tiempo resisten debajo del agua eran los grandes clásicos. Lo que tampoco faltaba nunca era la pregunta clasificada para adultos: ¿Quién tiene el pene más grande? La respuesta es obvia por temas de proporcionalidad. La ballena azul dispone de un artefacto copulador (es que no se le puede llamar de otra forma a semejante monstruosidad) de 2,4 metros. Eso sí, siempre se quedaban sorprendidos al saber que los testículos de la ballena azul no siguen la regla de proporcionalidad, ya que la especie que goza del privilegio de presentar las fábricas de esperma más desarrolladas del mundo animal es la ballena franca, con un peso aproximado de media tonelada cada uno (curiosamente la relación tamaño cerebral/tamaño corporal de esta especie es la menor entre los cetáceos, ¿simple casualidad?).  Repito que el tema de la ballena azul se debe analizar teniendo en cuenta las proporciones. Un macho adulto puede alcanzar los 33 metros, por lo que un pene de 2,4 metros supone aproximadamente el 7,5% de la longitud total del animal. Si trasladamos esa proporción a un Homo sapiens macho adulto con una estatura de 1,80 m. nos sale la minucia de 13,5 cm. Nada mas que añadir, ¿no?

 

Que no te intimide, realmente no es para tanto.

Bien, toda esta gran introducción sobre ballenas y órganos reproductores masculinos viene a cuento de una noticia difundida con gran algarabía por la web: se ha descubierto el animal con los testículos más grandes del mundo. Especifico, más grandes en relación a su masa corporal, porque el animalillo del que hablamos es el saltamontes de matorral Platydeis affinis. Los testículos en cuestión rondan los 70 mg. de peso, que no parece gran cosa, cierto si no fuera porque representan nada más y nada menos que el 14% de su masa corporal (los grandiosos ejemplares de la ballena franca no pasan del 1% de su masa). Con este gran hallazgo para la Ciencia queda desbancada oficialmente una especie de Drosophila, con su 12% de masa testicular relativa1, como merecedora de tan honorable distinción

Lejos de quedarme en lo superficial y anecdótico del caso, me pongo las gafas de pasta, enciendo la pipa y me dispongo a profundizar en la miga del asunto testicular.

El estudio del que se extrae el dato sobre los atributos de P. affinis fue publicado ayer en la web de Biology Letters bajo el título Larger testes are associated with a higher level of polyandry, but smaller ejaculate volumen, across the bushcricket species (Tettigoniidae)2. Karim Vahed y su grupo obtuvieron los datos de la masa de los testículos en 21 especies de saltamontes de matorral para compararlos con su masa corporal y otros datos relacionados con la eyaculación. Aquí es necesaria una pequeña explicación para no-biólogos. Para copular los grillos introducen una especie de cápsula, llamada espermatóforo, en el aparato reproductor de la hembra. El espermatóforo porta la ampulla, que contiene el esperma, así como una gelatina que es un regalo nupcial del que la hembra se alimenta durante la cópula y que permite al macho alargar el proceso sin ser expulsado. Perdón por el exceso de tecnicismos, pero ya dije que me armaba de gafas y pipa).

 

Grandes, ¿eh?

En el apartado de resultados aparece el ya famoso dato sobre la enorme capacidad testicular de P. affinis, pero ese 14% es un simple número poco relevante en sí mismo, excepto para amantes de los records. Por cierto, abro paréntesis, quiero recriminar a los autores que en la misma línea en que se recrean con el equipamiento de P. affinis hagan la odiosa comparación con los testículos de Ephippiger ephippiger y Gampsocleis glabra, que no pasan del 1% de su masa corporal. No costaba nada tener un poco más de tacto, que tampoco es cuestión de ridiculizar a los pobres bichos, ¿no? Cierro paréntesis.

Llegados a este punto analicemos por qué un animal podría querer desarrollar sus testículos. Antes dos apuntes. Primero, los animales de los que hablamos son invertebrados, lo que quiere decir que sus testículos solamente producen esperma, no como los nuestros, que también son factorías de producción de hormonas. Segundo, los invertebrados son animales promiscuos, donde no existe la monogamia (no conozco ningún caso y los que haya supongo que no pasaran de meras excepciones de la regla), lo que significa que los machos al no tener una pareja propia deben luchar por copular con un el mayor número posible de hembras para asegurar su descendencia. Por tanto la respuesta parece evidente. Unos testículos mayores producen mayor cantidad de esperma, lo cual es bueno si tienes que copular con muchas hembras, intentando dejar sus receptáculos repletos de tu esperma y evitar que otros machos lo hagan. Parece que esta afirmación es correcta, no solo en invertebrados sino en la mayor parte de grupos animales siempre que no exista monogamia (para una revisión de casos consultar la ref. 3). En el estudio se muestra que, efectivamente, existe una correlación directa entre el tamaño de los testículos y el grado de poliandria de cada especie.

Si este fuera el único resultado del estudio sería un poco soso para una entrada. Así que vamos con el descubrimiento inesperado. Los resultados muestran que existe una correlación negativa entre el tamaño de la ampulla (recordemos que equivale a hablar de la cantidad efectiva de esperma) y el tamaño de los testículos. Es decir, presumir de mayores testículos significa menor cantidad de esperma transferido. Del mismo modo, la relación entre el tamaño de la ampulla y el grado de poliandria también es negativo, algo que ya se conocía anteriormente4.

Pero parece que aquí tenemos un pequeño problema, ya que la primera de estas relaciones negativas choca directamente con lo que decíamos unas líneas más arriba. Si los testículos crecen para producir más esperma, ¿qué sentido tendría eyacular menos? La respuesta está en el regalo nupcial. Los machos de aquellas especies con un elevado grado de poliandria son seleccionadas para reservar mayor espacio a las sustancias accesorias, lo que les permitirá copulas más efectivas en un ambiente altamente competitivo entre los machos reproductores. Además, el hecho de poseer unos testículos de gran tamaño que fabrican grandes cantidades de esperma significa que pueden copular un mayor número de veces en menos tiempo. Es decir, lo importante no es copular una sola vez dejando todas sus valiosas semillitas, sino dejar muchas tantas veces como puedan en el menor tiempo posible.

Antes de iros recordad que lo que los ejemplos de la Naturaleza no suelen servir como justificación en nuestro sub-mundo humano.

 

REFERENCIAS

1: Pitnick, S. 1996. Investment in testes and the cost of making long sperm in Drosophila. The American Naturalist, 148(1): 57-80. (link)

2: Vahed, K., Parker, D. J. and Gilbert, J. D. J. 2010. Larger testes are associated with a higher level of  polyandry, but a smaller ejaculate volume, across buschcricket species (Tettigoniidae). Biology Letters (doi: 10.1098/rsbl.2010.0840). (link)

3: Parker, G. A., Ball, M. A., Stockley, P. and Gage, M. J. G. Sperm competition games: a prospective analysis of risk assessment. Proc. R. Soc. Lond. B., 264: 1793-1802. (link)

4: Vahed, K. 2006. Larger ejaculate volumes are associated with lower degree of polyandry across bushcricket taxa. Proc. R. Soc. Lond. B, 273: 2387-2394. (link)

La juventud está que da asco verla. En mis tiempos… Así podría empezar el típico lamento de cualquier abuelo cebolleta al uso. Pero no, esa frase la firma un servidor, un tío que comparte fecha de nacimiento con Garfield, vamos, que estoy hecho un chaval. Y es que supongo que todos los que hayáis pasado la barrera de la adolescencia –al menos intelectual- sentiréis una especie de repelús mezclado con ira al ver a la chavalada de hoy en día. Su único fin es vestir lo mas cool- fashion posible, beber como si cada botellón fuera el último y… y creo que nada más. Sé que alguno pensará: “en mi generación la cosa no era muy diferente”. Cierto a medias, querido amigo. A medida que nos vamos atrás en el tiempo, el asunto de la idiotez adolescente disminuye exponencialmente. Pero tranquilos, ¡oh padres y tutores!, la culpa no es toda de vuestra pésima educación, una buena parte es ajena a los cuidados paternos y explicable a la luz del darwinismo (¡herejía!).

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Tucker es un tipo con suerte. No ha tocado un libro en su vida y tiene exactamente el trabajo que yo sueño desde que era chaval. Aunque también es cierto que el tiene algo que no se aprende en ninguna universidad ni paseando el mundo de voluntario. Tucker tiene un olfato infalible. Ventajas de ser un perro, no un humano. La misma herramienta de trabajo que los de su especie usan para trabajar de policías o rescatando personas es la que usa Tucker para colaborar con la ciencia.

Su jefe es Samuel Wasser, un biólogo de la Universidad de Washington, con el que cada día sale en una pequeña embarcación por el estrecho de Haro, que separa Las islas San Juan de la isla de Vancouver. Su misión, detectar las heces flotantes de los miembros de la pequeña población de orcas del canal, que están en serio declive desde hace unos años (actualmente son 83 individuos, el número más bajo desde 2003). Las causas del declive no estaban nada claras y se barajaban diferentes explicaciones, como el stress causado por los barcos de observación de cetáceos (esta zona es uno de los destinos más famosos del mundo) o la escasez de alimento (se trata de una población de orcas residentes por lo que se alimentan de peces, en concreto la base de su alimentación es el salmón Chinook (Oncorhynchus tshawytscha)).

Tucker y las orcas

Los investigadores pueden obtener información muy importante de las heces, como niveles de hormonas o contaminantes tipo PCBs o DDT. Y lo que encontraron fue que las mayores tasas de mortalidad coincidían con caídas en los niveles de hormonas tiroideas, lo que podría estar relacionado con déficit nutricional (los resultados de esta investigación no van a ser publicados de momento, hasta obtener una mayor cantidad de datos). Por tanto, los pasos dirigidos hacía la conservación de esta población deberían empezar por proteger la base de la alimentación de las orcas, el salmón Chinook, algo que posiblemente no sería detectable si la impagable ayuda de Tucker.

Un día de duro trabajo

Pero nuestro amigo labrador no es ni el único ni el primero. En la costa este trabaja desde hace años Fargo, un rottweiler que acompaña a Rosalind Rolland en su búsqueda de las gigantescas deposiciones de las ballenas francas del norte (Eubalaena glacialis) en la bahía de Fundy. Gracias al material conseguido, se puede conocer tanto el estado fisiológico de los ejemplares individuales como la estructura genética de una población que actualmente se encuentra en peligro de extinción.

La verdad es que tengo envidia, pero no de Fargo ni de Tucker, sino de las personas que tienen la suerte de poder trabajar con ellos.

Nota: Los artículos originales de los que está extraída la información se publicaron en The Seattle Times (link) y la revista National Geographic (link).

Algunos records parecen imposibles de batir. Si no que se lo digan a Bob Beamon, que voló hasta los 8,90 metros en México ’68 y tuvieron que pasar más de 22 años hasta que Mike Powell superara el salto del siglo, dejando la nueva marca en 8,95 m. Otros sin embargo, casi duran menos que lo que tardamos en escribir sobre ellos.

Si recordáis, hace poco escribí una entrada sobre migraciones asombrosas en la que hablaba del increíble viaje de 8.300 Km de siete yubartas, lo que hasta ese momento era el desplazamiento más largo en el mundo de los mamíferos. Pues bien, tenemos nuevo medallista y plusmarca mundial. Pero antes, como bloguero vuestro que soy, os debo una introducción y esa introducción os la voy a dar.

 

Un bonito fondo de pantalla

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Una de nazis

En la Enciclopedia del holocausto de la web del United States Holocaust Memorial Museum podemos leer lo siguiente acerca de los experimentos médicos nazis:

 

Durante la Segunda Guerra Mundial, algunos médicos alemanes realizaron experimentos dolorosos, y a menudo mortales, en miles de prisioneros de los campos de concentración sin su consentimiento. (…)En los campos de concentración alemanes de Sachsenhausen, Dachau, Natzweiler, Buchenwald y Neuengamme, los científicos probaron compuestos de inmunización y sueros para la prevención y tratamiento de enfermedades contagiosas; entre ellas la malaria, el tifus, la tuberculosis, la fiebre tifoidea, la fiebre amarilla y la hepatitis infecciosa. (…)Los más infames eran los experimentos de Josef Mengele en Auschwitz. Mengele llevó a cabo experimentos médicos con gemelos. También dirigió experimentos serológicos con romaníes (gitanos), al igual que Werner Fischer en Sachsenhausen, para determinar cómo las diversas “razas” soportaban las diferentes enfermedades contagiosas.

La verdad nada que no supiéramos: los nazis eran gente mala, muy mala, y Mengele el más malo de todos. De hecho son el símbolo de la maldad universal, los inventores de los genocidios y de las crueldades contra humanos más salvajes.

 

 

Mengele y sus amigos en la hora del café (Fuente: USHMM)

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