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Posts Tagged ‘reliquias’

Reconozco que he dado mucha cera a la santa iglesia de Roma. Aunque no la que realmente se merece la mayor banda criminal del planeta, guarida de todo tipo de delincuentes, desde los superabundantes pedófilos y violadores, pasando por autores intelectuales de genocidios enmascarados, fascistas reprimidos y, lo que es peor (modo ironía ON), especuladores sin escrúpulos (modo ironía OFF). Eso sí, lo que nunca diré es que ellos son los únicos malos de la película, porque ahí están los hijos de Mahoma o los evangelistas para dar muestra de lo que los niños buenos nunca deberían aprender. De los judíos prefiero ni hablar. Caso perdido.

Ahora bien, a los católicos tengo que reconocerles el mérito que tienen con el asunto de su imagen de empresa. La parafernalia que les rodea está cuidada al detalle desde los mismísimos orígenes y no es cosa de ninguna brillante campaña de publicidad viral que tanto gustan a nuestras crédulas cabecitas. Vamos, que el tal Lucas debería reconocer que lo del merchandising no lo inventó él, sino unos señores que se escapaban de los romanos para luego hacer que todos escaparan de ellos.

 

Charlton Heston: la ira de dios hecha persona

Veamos, los islamistas son tan sosos que ni le ponen cara a su dios. Por no tener no tienen ni ángeles, ni demonios, ni bichos ni ná. Llenando los templos de figuras geométricas no se pueden arrastrar masas, de ahí la propagación de la leyenda de los rebaños de vírgenes esperando en el paraíso. Como concepto no está nada mal, diría que hasta convincente, pero le falta estar arropado por mas milongas. Los judíos lo han hecho peor. A ver quién se anima a seguir a un viejo barbudo con tan malas pulgas. Y justo cuando unos intelectuales sacan a pasear su imaginación adorando a un buey de oro, que es mucho más salao, donde va a parar, pues va yahvé y les manda a Charlton Heston para que les destroce la poca vida que les queda a base de tablas de la ley. Mal yahvé, mal. ¿Y los budistas? Eso para hipis. Los que sí que no tienen perdón de dios, valga la redundancia, son los evangelistas y demás renegados de la iglesia romana. Esos solo se preocuparon de conservar el contenido y se olvidaron de lo más importante, las formas. Una gente que no adora santos no puede tener la razón.

 

Es pa' los niños...

La iglesia católica, apostólica y romana supera a todas las religiones por dos elementos genialmente ideados, armas de control  mental, preciosos objetos persuasivos. Hablo, como no, de las imágenes y las reliquias. Prueba a entrar un día en un templo católico a deleitarte con la cuidada imaginería que decora paredes y altares. Así de entrada, para que no quede duda de su ideario, deciden que su logo sea la imagen de la brutal tortura y asesinato de un bonachón jovenzuelo. Si es que a su lado las portadas de Iron Maiden parecen hechas por Heidi. Y luego está la pléyade de santos y santas, mártires, apóstoles, vírgenes y demás personajes variopintos. Tenemos a san Pedro, que como era íntimo de su maestro, lo crucifican también, pero boca abajo, que da más gustito. ¿Y qué me decís de santa Lucía? Si es que lo ideal para los niños es ver a una mujer con los ojos en un plato, para que sepan lo que cuesta llegar al reino de los cielos. Al menos ella llevaba los ojos, a santa Ágata lo que le toco poner en la bandeja fueron los dos pechos. Una de mis favoritas es la de Santiago cortando cabezas de infieles, en lo que era un anticipo de la Alianza de Civilizaciones de la que tanto se presume hoy día.

 

La mano incorrupta On Tour

El premio a la originalidad se lo llevan las reliquias. Estas se dividen en dos categorías. La primera es la de reliquias con ánimo de lucro: objetos elaborados con fines comerciales, es decir, para que se hagan libros, películas y documentales al respecto. Ahí tenemos sábanas, cruces, cálices y trastos varios. La segunda categoría tiene más chicha. Son las reliquias del tipo “me-gusta-ver-restos-de-cadáveres-humanos”. Algo muy lógico en una cabeza sana. Así, por esas iglesias del señor, hay repartidas cabezas, manos y pies de mártires católicos, que según parece resisten el ataque del paso del tiempo gracias a un proceso divino de momificación. Si no que le pregunten a Paquito Franco, ese señor bajito que destruyó España bajo los designios de dios, siempre acompañado de la mano incorrupta de santa Teresa.

Y ahora con todos ustedes, el súmmum del relicario, el acabose de los restos humanos, la pieza anatómica que dio origen a mi admiración por los católicos escenificada en esta humilde entrada bloguera. Les presento al SANTO PREPUCIO. ¡¡Ooooooh!! Casi puedo oír vuestras voces de admiración…

 

El santo pellejo

El santo prepucio es lo que su propio nombre indica. Ni metáfora ni leches. Cuando Jesusito (así le llamaban en la intimidad del pesebre) fue circuncidado como buen judío–ojo a la ironía, la reliquia surge de una tradición judía en la persona de quien fundará una nueva religión- parece que alguien muy previsor decidió guardar el prepucio divino en formol por si en el futuro el niño era adorado como el mesías. El bote de formol pasó de mano en mano y de siglo en siglo (el camino más detallado aquí) hasta que ocurrió el milagro de los panes y los peces en versión falicoidea y allá por la Edad Media circulaban 14 prepucios por Europa (a día de hoy circulan millones. Perdón, chiste malo). El prepucio cayó en desgracia en 1900 que fue prohibido su culto, aunque con intentos posteriores de recuperar la mejor idea de la historia del catolicismo, que fue permanentemente rechazada (para desgracia de nosotros pecadores). Pero como yo no soy católico, me salto la prohibición y desde este preciso instante me nombro a mí mismo y con todos los honores Miembro de la Cofradía del Santo Prepucio. He dicho.

 

Cofrades japoneses en plena celebración eucarística

Y esta ha sido la historia absurda del mes. Quizá algunos la conocierais y posiblemente otros no. Sea como sea, la luz del señor ha llegado a vuestros corazones mientras pensabais en pechos presentados en bandejas y señores curtidos a latigazos. Que la ira del señor esté siempre con vosotros. Repetid: ¡Y con tu espíritu!

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